jueves, 27 de septiembre de 2007

El Reino de Dios

Queridos amigos:
Después de recibir el bautismo y sufrir las tentaciones Jesús comienza a predicar, "se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia", así escribe Marcos 1, 4 y en esta frase se encuentra el contenido fundamental del mensaje de Jesús. Mt 4, 23 afirma que "Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y las dolencias de los pueblos". Por tanto ambos definen el anunció de Jesús como evangelio.
El término evangelio se suele traducir como "Buena Noticia", c0n ello pierde toda la fuerza, pues no es sólo una buena noticia. Evangelio pertenece al lenguaje de los emperadores romanos. Ellos se consideraban los señores del mundo y por tanto los salvadores. Por eso las proclamas de los emperadores, fuesen buenas noticias o no lo fuesen, se llamaban evangelios, en cuanto procedían de alguién que tenía el poder de transformar el mundo hacia el bien, mejorar la sociedad, beneficiar al pueblo. Frente a los emperadores que se arrogaban el poder de ser dioses y salvadores, no siendo así, Jesús se presenta ante el mundo con un mensaje que no es sólo palabrería sino que tiene autoridad y fuerza eficaz para penetrar el mundo y salvarlo. Por tanto una misma palabra aplicada a los falsos dioses, los emperadores y al único y verdadero Dios, Jesucristo.
Pero, ¿cuál es el contenido del evangelio?, es "El Reino de Dios está cerca" y ello exige la conversión, el cambio de mentalidad, más que de vida. El Papa se detiene en la estadística, es decir, el número de veces que aparece este término. Son 122 veces, 99 en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y de ellas 90 en boca de Jesús, frente a Juan y otros escritos del Nuevo Testamento que prácticamente lo marginan. Por tanto es un término propio de tres evangelios, para quienes tiene una gran importancia a tenor de las veces que Jesús lo emplea.
Y aquí alude a la disputa entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe. Ésta tiene sobretodo su origen en Bultman, el teólogo protestante alemán (1884-1876) quien llega a negar la existencia del Jesús histórico tal como lo encontramos en los evangelios, para él Jesús no fue más que un maestro o rabino judío, interesándose solamente por el Cristo de la fe, figura que surge después de la Pascua y en el que Pablo tiene una gran importancia. Lógicamente Joseph Ratzinger rechaza esta tesis, al igual que la afirmación del teólogo católico modernista, es decir, una tendencia no aceptada por la Iglesia, quien afirmó: "Jesucristo anunció el Reino de Diosy ha venido la Iglesia".
Seguidamente nos presenta la interpretación que a lo largo de la historia se ha dado a este término, esencial en los sinópticos.
De este modo los Santos Padres, los primeros escritores cristianos, hombres sabios patrimonio de protestantes, católicos y ortodoxos, nos ofrecen tres perspectivas o dimensiones del Reino de Dios.La dimensión cristológica. Ésta es propuesta por uno de los más grandes sabios cristianos, Orígenes. Para él, el Reino de Dios es Jesús, por tanto no es una ocasa o un espacio de dominio. Es Dios presenten en medio de los hombres. Esta visión es llamada cristología encubierta. La segunda dimensión es la que el Papa define como idealista o mística. Esto es muy sencillo. El Reino de Dios está en el interior del hombre. Así Orígenes en el tratado Sobre la Oración, escribe: "Quien pide en la oración la llegada del Reino de Dios, ora sin duda por el Reino de Dios que lleva en sí mismo, y ora para que ese reino dé fruto y llegue a su plenitud". Así pues el Reino de Dios no se encuentra en ningún mapa sino en nosotros mismos, donde crece y actúa. Y finalmente la tercera dimensión, la eclesiástica, propia de la teología católica moderna de los siglos XIX y XX, que identifica la Iglesia con el Reino de Dios en la tierra.
En la teología protestante encontramos al representante de la teología liberal de comienzos del s.XX, Adolf von Harnack, para quien el mensaje de Jesús sobre el Reino dde Dios supone una doble revolución frente al judaísmo de la época. Esto lleva a dos contrastes, Jesús afirma la persona individual como fundamento de su doctrina, frente a la colectividad y Jesús opta por orientar su mensaje a lo moral frente al culto, a la vida frente a la sinagoga y el templo. Éstas dos tesis fueron también adoptados por la exegesis o interpretación de la Biblia, católica. El origen de esta interpretación en Harnack se encuentra en la contrapaosicón entre las tres grandes formas de cristianismo, la católico-romana, la greco-eslava y la germano-protestanto. Para él los protestantes habrían devuelto al mensaje de Cristo toda su pureza. Sin embargo no es cierto, pues para la comunidad es el lugar donde se alcanza la salvación, el protestante no se salva por sí mismo sino en la medida se encuentra dentro de su iglesia. Y hemos de recordar que Lutero considera la gracia, es decir, la gratuidad del amor de Dios al margen de neustras obras como medio de salvación.
Otra interpretación es la escatológica de Johannes Weis y Albert Schweitzer, para quienes el Reino de Dios se debe entender en sentido estrictamente escatológico, es decir, como una realidad que vendrá al final de los tiempos.
Y finalmente se encuentra la interpretación secularista, que busca construir un mundo donde reine la paz aún a costa de sacrificar a la religión y al mismo Dios. Así se pasa del eclesiocentrismo, es decir, la Iglesia es el centro de todo, idea dominante antes del Concilio Vaticano II (1962-1965), al Cristocentrismo, Cristo lo es todo, pero que tiene el problema de que nos separa de los no cristianos, al teocentrismo o centrarnos en Dios, con el fin de buscar puntos de unión con las otras religiones, si bien, el problema es que el mismo Dios puede ser un factor de división entre las religiones y entre los hombres. Esto es evidente, pues la imagen que tenemos de Dios los cristianos es muy distinta a la de los musulmanes, hinduístas o animistas (tribus de África). Y por eso, abandonándose el teocentrismo, se pasa al reinocentrismo. Es decir, todo nuestro objetivo es lograr el Reino de Dios en la tierra, un mundo basado en tres aspiraciones, la paz, la justicia y la salvaguarda de la creación. Todas las religiones han de centrar sus esfuerzos en colaborar a su llegada. Para Joseph Ratzinger "si se analiza con detenimiento el razonamiento en su conjutno, se manifiesta como una serie de habladurías utópicas, carentes de contenido real", pues Dios ha desaparecido y quien actúa es el hombre, de nuevo la tercera tentación surge.
Luego, ¿qué es el Reino de Dios? Es Dios que trasciende nuestro mundo, pero a la vez es lo íntimo a él, es la soberación de Dios en el mundo. En una palabra, Jesús anuncia a Dios, que Dios existe y actúa ahora. Por eso más que Reino de Dios sería mejor hablar de "ser soberano de Dios o del reinado de Dios".
Buscando en la Biblia encontramos los salmos de entronización (47, 93, 96, 97, 98 y 99) donde proclaman la soberanía de Dios en sentido cósmico-universal que lleva al israelita a la adoración. A partir del s.VI comienza a surgir la esperanza en el futuro y en el s.II Daniel nos lo ofrece como presente en la figura del Hijo del Hombre. Así en tiempos de Jesús encontramos la soberanía de Dios en el culto del templo de Jerusalén, la liturgia de lasinagoga, los escritos rabínicos (sabios judíos que estudian la Biblia) y Qumram (comunidad a modo de monjes que vivían en el desierto).
Para el judío devoto que reza diariamente el Shemá (Dt 6, 4) esto representa acpetar el señorío de Dios, un señorío que sobrepasa la historia, se halla presente en la liturgia y tiene fuerza para transformar la vida.
Para Jesús el Reino de Dios tiene escasa importancia en la historia, pues es una semilla pequeña, es levadura.
Por tanto nos encontramos ante un término complejo y sólo aceptando todo el contendio podemos acercarnos a su mensaje y dejarnos guiar por él.
También afirma Jesús que "El Reino de Dios está en vosotros" (Lc 17,20). Esta afirmación es interpretada de diversos modos. Para la interpretación idealista, significa que está en el interior de nosotros. Para la interpretació en el sentido de la venida inminente significa que no llega lentamente sino que irrumpe pronto, si bien la primera es insuficiente y la segunda no tiene fundamento. Hoy se considerá que con esta afirmación Jesús quiso decir que Él es el Reino de Dios que está en nosotros. .
Así Dios entra en la historia aquí y ahora de un modo totalmente nuevo, por eso ahora es tiempo de conversión y arrepentimiento y tiempo de júbilo por la presencia de Dios. Pero este Reino no es como los reinos del mundo, sino que llega de un modo divino, sin poder terrenal, a través del amor que llega hasta la cruz.
Y permiteme un poco de cosecha propia. Aquí nos encontramos por tanto en una interpretación tremendamente humana del Reino de Dios. Es decir, los cristianos desgraciadamente en la historia hemos querido interpretar el Reino de Dios como violencia. Por razones justas, como es la defensa de las personas o el pretender crear un mundo mejor, hemos convertido el Reino de Dios en una realidad política. Recordemos los imperios cristianos, el mismo papado entendido como Estados Pontificios con su propio ejército, el uso de la violencia para reprimir a los herejes o más recientemente la Guerra Civil Española o la teología de la liberación entendida como lucha violenta contra los dictadores y oligarquías. Sin embargo, a mi entender, no es por ahí por donde va Cristo, su reino nunca se implanta con el uso de la violencia. Ni Constantino ni Teodosio fueron buenos aliados del Reino de Dios. Esto es difícil de entender, pero es la lógica de Cristo, quien nunca aceptó cambiar el mundo derribando las estructuras de forma violenta, sino muriendo a manos de los violentos. De nuevo Jesús de Nazaret o Jesús Barrabás, el mártir o el caudillo.
Y siguiendo con el texto Benedicto XVI nos comenta la parábola del Fariseo y Publicano (Lc 18, 9-14), en ella relaciona el ethos y la gracia, es decir, las dos tendencias que siempre han estado presentes en el cristianismo, pelagianismo o agustiniamismo, jesuitas frente a protestantes. Lo importante es ser buen cristiano, la consabida respuesta del catecismo, Dios premia a los buenos y castiga a los malos, la salvación depende de las obras, estamos llamados a ser santos por una parte y por otra lo importante es dejarme amar, quien me salva no son mis obras sino Dios, estamos llamados a que Dios nos haga santos. El Papa de forma magistral nos ofrece un camino lleno de luz. Veamos: el fariseo representa al ethos, la ética, el hombre moral, recto en su forma de vida, pero que no mira a Dios sino que se mira a sí mismo, no necesita a Dios. Si nos fijamos representa a esas personas que con muy buena intención se han pasado toda la vida viviendo los diez mandamientos, tratando de ser rectos, renunciando a todo porque la Iglesia lo mandaba, iendo a misa, sacrificándose. Y esperan una recompensa. A veces les brota esta afirmación, "con lo he hecho por Dios y si al final la vecina que pasa de ir a misa va al mismo sitio, pues...". Frente al fariseo se encuentra el publicano. Él mira a Dios, entra en relación con Él, ha puesto su mirada en Dios y se abre a sí mismo, sabiendo que tiene necesidad de Dios y de vivir de su bondad. Al encontrarse sinceramente con Dios aprende de la misericordia de Dios a ser misericordioso. Aquí está el nucleo del cristianismo y una fuente de luz de cara a la pastoral con jóvenes.
Para nuestros jóvenes la Iglesia predica lo que está prohibido y cristiano es el que va a misa y no hace determinadas cosas, la mayoría relacionadas con el terreno de la sexualidad. ¿Por qué? Porque es lo que les enseñamos. Y claro se nos van. Tendríamos que empezar por enseñarles algo más difícil que el código de circulación de la vida. Algo que nos va a costar más porque toca su corazón y les implica toda su vida pero que si logramos lo aprendan y experimenten tendrán toda la moral cristiana sabida. Esto es la relación de amor con Dios. Sólo cuando el ser humano se siente amado por Dios, lo vive como realidad viva en su interior vive la ética. De lo contrario, como nuestros buenos abuelos y abuelas, la religión es una pesada carga que por miedo a la condenación han tenido que soportar, perdiendo lo mejor de su vida. Y no es así, la moral nace de la experiencia de Dios. Si Dios es bueno conmigo ¿cómo no voy a serlo yo con los demás?
Pues aquí termino esta reflexión.

2 comentarios:

fandelrey dijo...

estimado hermano en Cristo
También el reino es el plan secreto de Dios, que se va plasmando en la historia humana, de volver a reunir todo a él, tal como leemos en Efesios 1:9.
Y aquí entramos nosotros, sumámdonos a esa buena noticia: hay posibilidad de restauración para los hombres, para la naturaleza, para las culturas, etc.
El Rey que vuelve pronto garantiza esta esperanza.
¿no es una buena noticia?
que Dios siga bendiciéndote
gustavo
www.fandelrey.blogspot.com

nico dijo...

estoy absolutamente de acuerdo con usted.