lunes, 8 de octubre de 2007

Recuerdos

Pues sí.
Queridos amigos. Ya hace bastantes días que no publico nada en el blog. Parece fácil al principio y sin embargo cuesta. Pero después de leer el post de Sonia, gracias por tus palabras, porque siempre me quedará el sabor agridulce de no haber hecho suficiente en Riba-roja o no haber podido hacer todo lo que me hubiese gustado. Fueron años hermosos por el pueblo y duros por contratiempos.
Pero ahora estoy aquí en mis pueblos, mis Montaverner, Alfarrasí y Benissuera, mis buenos pueblos donde ahora sí, "yo soy el párroco". ¡Qué hermosa palabra si esta se afirma no desde el autoritarismo sino desde el deseo de servir! El párroco es la persona que tiene la enorme responsabilidad de estirar el carro de la parroquia, nunca de frenarlo, esté cansado o esté eufórico o como dicen los jóvenes "depre". El Arzobispo te envía al pueblo para que representes a Cristo buen pastor que se entrega por sus ovejas, el pueblo te acoge sin conocerte sencillamente porque eres sacerdote y la Iglesia en la que el pueblo cree, no cree en ti, afortunadamente, sino en Jesús y su Iglesia, te ha enviado. Os confieso que me sorprendió al principio de estar en Montaverner y Alfarrasí. Llevaba apenas una semana, la casa aún no estaba en condiciones para vivir y todos los días dormia en la playa, en el apartamento de Cullera. Era hermoso y por fin sin que al regresar tuviese miradas de reproche disfrutaba de lo que era fruto del sacrificio de mis padres y lo estaba siendo del mío propio. Pues bien, una hora para ir y una para volver. Se enteró un matrimonio de la parroquia y aquel sábado me propuso dormir en su casa. A aquel desconocido, con apenas una semana en el pueblo y ya tenía una familia que le ofrecía su hogar. Así es el sacerdote, un desconocido que pronto pasa a ser uno mas del pueblo. Por eso es una gran responsabilidad. Lo peor que uno puede hacer es traicionar la confianza que depositar en uno, defraudar la amistad.
Y bien, estos días estoy recordando mis primeros días, el nombramiento, las primeras visitas, los primeros encuentros con las catequistas, los juniors,... Son esos días en los que uno se siente com pez fuera del agua, pero que quedan grabados en la memoria y si van bien las cosas, son las que con más color se guardan en el corazón.
Pero no han sido días fáciles. Lo escribí en la web de los juniors, http://groups.msn.com/MontavernercentreJunior
La verdad es que el sábado 29, curiosamente S. Miguel a quien tanta devoción tengo y al que durante unos años de mi vida acompañaba en la procesión, viví uno de los días mas tristes. Aquella mañana Laure moría con apenas 42 años, dejando marido y dos hijas de 11 y 16 años. Realmente fue duro. Al sacerdote en cierta manera le pasa como al casado. Éste tiene dos familias, la propia y la de la esposa y a las dos llega a quererlas como propias. Para el sacerdote está su familia natural y la parroquia, con la que pasa más tiempo, a los que ama y sirve por amor a Cristo. Después de tres años son muchas las personas que van ocupando un lugar en el corazón, muchos momentos compartidos con ellos y por eso cuando la madre de una niña que ha estado en el campamento y otra niña a la que ha formado en la confirmación muere, pues os podéis imaginar. Es duro y aquel día bien podemos decir que el río Albaida separó el día de la noche. Alfarrasí el sábado y domingo fue de noche las 24 horas, las nubes cubrían los rostros de todos los vecinos, fue un día triste para el pueblo, para la parroquia y para quien es su sacerdote. No es fácil la muerte y la verdad, me ayudó el libro del Papa. A veces pedimos un Cristo Barrabás que nos libere de los problemas y es justo, pues el sufrimiento de los inocentes clama al cielo, como clamaba el sufrimiento del pueblo judío sometido al Imperio Romano. Pero este Dios nuestro ha hecho una opción, por los humildes, los pobres, los no violentos. En la cruz hay silencio, el silencio del crucificado, pero también hay esperanza, la de la resurrección. En la cruz hay vida, no porque Dios resucite al crucificado sino porque en el dolor y la muerte está el que es la Vida, uniéndose a nosotros en nuestros padecimientos y porque la cruz nos abre a la resurrección, esa a la que el hombre está llamado por la misericordia de Dios Padre.