domingo, 21 de octubre de 2007

Enhorabuena Alginet

Alginet es un pueblo que apenas conozco. Curiosamente está prácticamente al lado del pueblo donde pasé mi infancia, adolescencia y juventud, o sea, mi pueblo de origen, L'Alcudia. Además está en el mismo arciprestazgo. Sin embargo apenas hemos tenido relación. Siempre ha habido más con Benimodo, Carlet y Guadassuar. De él queda en mi memoria el paso por la calle y los semáforos, cuando de pequeño lo cruzaba con mi madre en el autobús dirección a Valencia.
No se si fue casualidad o intuición clerical, pero hace unos sábados, en Montaverner, me encontré con Javi. Había reunión del Consejo de Vicaría Junior y acudió la directiva. Hablando sobre el nuevo párroco le dije que igual era Enrique Sarneguet. Y mira por donde, acerté.
Por eso enhorabuena. Enrique es un Sacerdote con todas las letras y todo lo que representa ser sacerdote.
Realmente estuve dos años sin conocerle personalmente, pero era tanto y tan bien como me hablaban los monitores juniors, que lejos de sentir esa absurda envidia o celos que a veces se da en todo colectivo, sentí admiración. En mi colegio, el meu Institut donde daba clases, Evaristo ya me hablaba de él y lo tenía como un buen consiliario, cuando andaba él y su mujer, Elvira como monitores de Flor de Neu de Alcoy. También recuerdo haber oído su nombre a Enrique Benavent, quien fue vicario de allí y lo nombró en alguna ocasión. Pero fue sobre todo al llegar a Montaverner cuando su persona aparecía muchas veces recordando como quería a su centro junior y como les apoyaba en todo, dedicando muchas horas para preparar las actividades, para los campamentos, las misas y la formación. Si D. José Antonio Llorca, otro buen y santo sacerdote, había construido la espiritualidad en el Centro Junior, Enrique sobre estos profundos y fuertes cimientos había construido la estructura pastoral y concluido el edificio. Gracias ello pudo resistir los vendabales que posteriormente sufrieron, sin perder el amor a Cristo y a la Iglesia y la identidad como movimiento católico.
Y llegó el día. Lo recuerdo muy bien. Era una mañana de la fiesta de la Virgen de Loreto. Antes ya habíamos hablado por teléfono. Iba a abrir la iglesia, medio dormido, después de la entrada de moros y cristianos y la visita de otro buen amigo y ex compañer de mi Institut, José Manuel Boix, maestro. Y delante de mí un cura de a pie, con su mochila y con lo que ha de distinguir a un sacerdote que sin ir vestido de cura se nota, la bondad y sencillez de quien es ministro de Aquel que se hizo uno de nosotros distinguiéndose, no por el vestir, sino por el actuar para los demás y por el gran amor al Padre. Y así pude conocer a un buen sacerdote. Es evidente que todos, los sacerdotes más, necesitamos de otros sacerdotes que sean santos y nos animen a seguir en esta tarea, difícil y donde a veces uno es el único, permitidme la expresión, "bicho raro" del pueblo. Al menos hay otros que también lo son y constituyen un ejemplo de vida para todos. Y ese es Enrique. Venía de Chile, marcado por un montón de cicatrices fruto de su opción por la "pastoral de la salvaguarda de la creación" que le llevó a defender la naturaleza frente a las multinacionales y a acabar sufriendo un infarto. Llevaba en el brazo la herida de la guerra, de la lucha profética en defensa de los débiles, como hicieron en su tiempo los profetas de Israel. Y aquel día todos tenían palabras de aprecio hacia Enrique, todo el pueblo abrió sus casas, sus comparsas, sus corazones para el bueno de Enrique Sarneguet. Allí por donde iba le saludaban y él respondía con afecto. Porque para el sacerdote, como colgué más abajo, además de Cristo que es su mayor recompensa, el aprecio de la gente es un premio que compensa la renuncia al amor de una mujer y de unos hijos. Y a Enrique le querían, no tenía que ir buscando a la gente para saludarlos, iban a él.
Y ahora tiene una parroquia en la dura Ribera Alta, desde aquí le felicito a él y a mis paisanos de comarca, especialmente a los juniors: aneu a disfrutar barbaritats i voreu com el junior va amunt. Porque para que el junior crezca, desgraciadamente tiene que quererlo el sacerdote, que ha de estar ahí, echando leña al fuego para que no se apague y crezca.
Pues bien, si queréis conocer a Enrique he aquí una buena entrevista:
http://viurealestiu1995.blogspot.com/