sábado, 27 de octubre de 2007

1 de Noviembre, los cementerios

Queridos amigos:
Y otro año como hice en uno de mis primeros escritos voy a expresar que me gustan los cementerios. Pues sí y cada año me gustan más. Porque ¡qué diferente se ve el cementerio de niños! Entonces era un lugar diferente al resto de las calles y edificios, donde nuestros padres iban a limpiar las tumbas y llevar las flores. Apenas significativos los nombres allí escritos. Los únicos los de los abuelos que reposaban en el sueño de los justos y cuya lectura evocaba infinitas expresiones de ternura y afecto.
Sin embargo durante nuestro peregrinar vamos acompañando a seres queridos a este lugar, hasta que los nuestros nos acompañen a nosotros. Y el cementerio deja de ser un lugar de cipreses y sepulturas de mármol. Detrás de cada nombre hay una persona concreta: el amigo que tratamos de pequeños, el compañero junto al cual nos sentábamos en clase, el maestro a quien debemos nuestro amor por la literatura o la biología, el anciano vecino al que saludábamos todos los días, sentado a la puerta de su casa, los amigos de los padres, esos señores que por aquel entonces nos parecían tan mayores y serios,... Y como no, el cementerio llega a tener un significado profundo cuando en él reposan quienes nos acompañaron durante mucho tiempo y a quienes debemos la vida y nuestra forma de ser, pensar y vivir, nuestros padres, abuelos, hermanos, tíos y para algunos desgraciadamente es el lugar donde depositasteis en las manos del buen Dios Padre a quienes el tesoro más preciado que poseíais y por el que ciegamente hubieseis dado la vida, vuestro hijo o hija. Sus cuerpos descansan allí, mientras sus almas nos esperan en la Casa del Padre.
Allí, los cuerpos, a los que el cristianismo trata con una sorprendente dignidad, colocándolos en una urna cerrada por una cruz, llevándolos al templo donde reciben las honras fúnebres, siendo bendecidos y llevados como un santo, a hombros, hasta el lugar del descanso eterno. Cerrada la puerta a este mundo, sellada por una cruz, una imagen, el nombre que recibió en el bautismo y el día que nació a la Vida.
Pasearnos por el cementerio es recordar a quienes amamos. Desde la mirada de la fe y del amor, contemplar el torrente de luz que brota desde la sepultura, destellos de recuerdos, expresiones de amor, entrega a nosotros, palabras que nos marcaron, gratuidad,... destellos de una vida que descansa allí en espera de la resurrección de la carne y vive junto al Padre.José

Pinceladas. Aleluya. 28-X-07