domingo, 30 de marzo de 2008

30-V-01. La final perdida

Amigo oyente:
Y hoy nos acercamos a la tierra nuestra, a esas huertas que crecen merced a las aguas del río para recordar que fue precisamente un miércoles cuando vivimos una noche inolvidable, en la que de nuevo la fortuna no sonrió al Valencia.
Ha pasado una semana y seguimos preguntándonos por qué no ganamos la Champione Ligue, por qué ese golpe de mala suerte encarnado en Pelegrino, porque el Valencia no salió a ganar, porque nos pitaron un penalti que no era, porque tantas cosas que solamente tienen una respuesta evidente, la copa está en otro lugar, de cuyo nombre no quiere acordarse.
Pero valió la pena aquel miércoles. Valió la pena llegar a la final porque nuestro Valencia fue el centro de las miradas de todos los españoles, nuestro Valencia se consolidó como un gran equipo. Y lo fue por el ambiente creado que hizo de unos días inolvidables, días que quedarán en la memoria. Porque aquellos días los bares se llenaban de banderas del Valencia, la gente caminaba por las calles con las bufandas, los niños iban al colegio con el uniforme del mejor equipo del mundo, el valencianismo unia a todos. Aquel día muchos vecinos nuestros emprendieron en coche, tren y avión el viaje hasta Milán para apoyar al Valencia, con mucha ilusión y lo mejor de todo, no se llevaron de Milán nada porque lo dejaron todo, dejaron el caracter valenciano, tan distinto de los alemanes. Como decían en radio 9, la afición germana era bien distinta, la eran todos hombres, serios y celebrándolo en los bares con la cerveza. Mientras la afición valencianista estaba formada por familias enteras, una afición de hombres y mujeres, de padres con sus niños que celebraba la fiesta en la calle gritando, cantando y tirando tracas. Emocionada una profesora me mostraba un mensaje que le había llegado al movil, era de unos amigos suyos de Milán y decía: "desde mi casa escucho las tracas" y a los milaneses les cautivamos y sintonizaron con nuestra alegría latina de paella, vino, traca y música. Aquella noche las calles del pueblo quedaron vacías, los bares se llenaron de aficionados con sus gorras y simbolos valencianistas. Aquella noche el Maldonado fue una fiesta, allí estaban los niños correteando, las familias cenando, los amigos, todos unidos por un mismo amor, el Valencia, mientras otros desde el Mestalla disfrutaban del patido.Nada más, a nuestro Valencia gracies perque conseguireu que pasarem uns dies magics i hara a guanyar elsque queden i demostrar que som els millors i que a la tercera lacopeta per a la gepedureta.