viernes, 22 de febrero de 2008

El payaso

Queridos amigos:
Al caer la tarde el payaso, sentado bajo una encina comenzó a llorar.
Su maleta vacía y llena de recuerdos.
Atrás quedaban las largas horas leyendo y apasionándose por la lectura de los santos evangelios. El sermón de la montaña, las enseñanzas a los discípulos y ese caminar de Jesús por las tierras de Palestina haciendo el bien.
Atrás quedaba aquella madrugada, en la guardilla de su hogar, iluminado por el sol de levante, soñando en ir al mundo entero a hacer felices a los demás.
Atrás quedaba aquel amanecer cuando abandonó sus estudios, su ordenador y su cadena musical. Aquella madrugada en la que lo dejó todo, no, todo no, se llevó consigo la vieja guitarra, compañera en la soledad y dulce melodía en la tristeza. Ella le acompañabaen sus andanzas y le hablaba durante las noches.
Cambió sus levis y camiseta nike para vestirse con una peluca azul, unos pantalones anchos y una caminsa estampada y como no, una nariz redonda.
Aquella tarde lloraba, lloraba al sentir que sus esfuerzos no habían valido la pena.
Él que amaba la vida quería transmitir vida a los demás, durante sus largos años el payaso había caminado por los pueblos mostrando su sonrisa y haciendo sonréir a los niños, especialmente a los enfermos. Él se sentaba en las plazas y comenzaba a cantar, a hacer piruetas y a bailar riéndose de sí mismo, mediante movimientos torpes. Y entre salto y salto les hablaba de Dios y les mostraba que la vida es color de rosa si uno se empeña y es capaz de dejar su ego en la mesilla de noche. Les habla del amor como una fuente inagotable para practicar el bien, trataba de mostrarles como la felicidad se encuentra en despertar en el propio interior la fuente de la dicha. Y miraba con la mirada limpia a las personas, a aquellos que se encontraban tristes les mostraba una amplia sonrisa y un gesto que levantaba el espíritu de los abatidos.