viernes, 22 de febrero de 2008

Noche en Siete Aguas

Recuerdo muy bien aquellos días y aquellas noches de verano en Siete Aguas. Silencio en la pinada, los niños duermen. Los monitores en el pabellón revisan el día y preparan el siguiente. Al salir, ellas están allí, las estrellas, compañeras del campamento, calladas, silenciosas, vivas y centelleantes. He aquí este minuto que desde allí dirigí a los buenos oyentes de Radio Ribarroja, un 7 de Agosto de 2000.

Amigo oyente:
Imagino que muchos se preguntarán que hacemos en los campamentos. Pues bien, hoy al comenzar esta nueva temporada desde Siete Aguas voy a comenzar por el final, la noche.
Es la noche el momento más bonito de todo el campamento. Bien sabemos todos que es ella misterio y mágia, cuando el sol se desvanece y surge la luna y las estrellas. De noche la inspiración es más fuerte y el amor se transforma en pasión, de noche todo se vive con intensidad, desde las experiencías místicas hasta las mundanas y así las personas extremas siempre han encontrado en la noche la mejor aliada, los jóvenes las buscan porque en su silencio sus voces se escuchan y se vive todo con intensidad, mientras los niños lloran ante las tinieblas y los enfermos sienten como sus dolores y sufrimientos se hacen más insoportables hasta la llegada del alba.
Y la noche en Siete Aguas es muy especial.
Hemos cantado la canción bonita de los campamentos, la vela del día se apaga, las sombras se oscurecen, en los padres que dejé muy lejos de la acampada, para ellos mi mejor recuerdo, y la tienda ya me recibe como madre a su hijo.
Los niños tras limpiarse los dientes se acuestan, el silencio lo invade interrumpido por la tienda de Australia o China que quieren aprovechar para hablar y contarse sus cositas bajo los árboles y la vigilancia del monitor que les llama la atención.
Mientras las estrellas y la vía láctea cubren los cielos, cielos limpios de contaminación y de luz, cielos donde ellas centellean con un brillo muy especial, silencio y contemplación al cabar la reunión y dirigirse a dormir en la tienda intentando hacerse un hueco entre los niños que placidamente descansan.