viernes, 22 de febrero de 2008

Hablando con Jesús

INTRODUCCIÓN.
Desde hace años llevo en mente escribir una pequeña biografía de Jesucristo. Por fin, aprovechando la celebración de los 2000 años de su nacimiento y el Campamento Siete Aguas 2000, he escrito este pequeño folleto.
Jesucristo constituye el personaje histórico más fascinante de la historia de la humanidad, su influencia ha sido decisiva en la manera de pensar, tanto de creyentes como de no creyentes, sus palabras han marcado el destino de muchos pueblos, la religión por él fundada ha sido clave en la historia del planeta, su figura ha sido representada por los grandes artistas de estos últimos veinte siglos.
Y como sacerdote no es necesario afirmar la importancia que tiene en mi vida, en cuanto día tras día trato de que él sea el eje sobre el que construyo mi existencia. Por ello aquí presento a los acampados, monitores, personal del campamento y todo aquel que tome en sus manos estas hojas, una pequeña redacción en torno a Cristo.
El texto, como bien descubrirá el lector en sus primeras páginas constituye una serie de entrevistas realizadas al Maestro durante sus años de vida pública, las respuestas en su mayor parte están tomadas del evangelio de Mateo. Así el personaje es un periodista que misteriosamente llega a Palestina y se encuentra con Jesucristo, al que sigue en su peregrinar por Galilea y Judea, aprovechando los momentos que el Maestro tiene libres para preguntarle.
Como bien puede imaginar el lector no tiene nada de original y pretende dar respuesta a dos inquietudes. Por una parte reencontrarme con Jesucristo, siguiendo el método ignaciano de la composición del lugar. Así me sitúo en la escena como un personaje más, trato de mirar a Cristo y qué él me hable a mí, pues la Palabra de Dios es siempre actualidad y a Cristo escuchamos cuando leemos los evangelios. Por otra parte acercarte la figura de Jesús, planteándole aquellas preguntas que tú te haces y que encuentran la respuesta en el Evangelio.
Respecto del primer objetivo puedo afirmar que lo he conseguido, el tiempo dedicado a redactar este folleto ha sido un verdadero reencuentro con él, estoy convencido de que la amistad se ha afianzado y Cristo ha estado junto a mí hablándome. Del segundo es tarea tuya el lograrlo.
Concluyo pidiendo al Espíritu Santo que a través de estas palabras te encuentres con Äquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.
José Andrés, sacerdote.

Son las nueve de la mañana. Tras un largo viaje he conseguido alcanzar la meta. Por fin me encuentro frente al hombre que ha movilizado a miles de personas. El hombre que está siendo centro interés por parte de todos los medios informativos del mundo.
En un país sometido al gran imperio de Roma, en un mundo dominado por el Senado Romano, donde no hay libertad y donde las palabras se manipulan hasta llevarte a la muerte, un hombre, judío de nacimiento se ha levantado como paladín de la libertad, voz de aquellos a los que se les prohibe hablar.
El lector habrá ya averiguado quien es. Sí, se trata de Jesús de Nazaret, el profeta de Israel, el Maestro que enseña con autoridad.
Muchas han sido las gestiones realizadas para estar cerca de él y intentar conocerle con profundidad a fin de divulgar su figura desde la dimensión humana. Como periodista he leído todos los artículos publicados durante los últimos días acerca del "fenómeno Jesucristo", llamada también en el mundo anglosajón "The Jesus Revolution".
Me encuentro en un lugar paradisiaco, es una pequeña colina junto al mar, franqueada por árboles que con su sombra nos protegen del calor. La gente está esperando, según se comenta Jesús va a pasar por allí camino de lago. Ese mar donde ha escogido a sus primeros discípulos, cuatro pescadores galileos que lo abandonado todo para seguirle, dos de ellos eran discípulos del Bautista, jovenes entusiastas con quienes pasó una tarde.
Se oye a la multitud, los gritos cada vez son más fuertes, es él. Es Jesús de Nazaret. Un momento muy especial en mi vida, es el primer encuentro con el personaje al que he estudiado y por el que estoy aquí, para informar a nuestros lectores. Me tiemblan las piernas, siento un deseo de abandonar y regresar a mi patria. Puede ser peligroso, estas personas capaces de cautivar. Nervios, muchos nervios ante la situación que estoy viviendo. Él va aproximándose, la gente toca su manto, algunos incluso gritan con gozo y proclaman que han sido curados con sólo tocarle. Un fuerte impulso me lleva a levantarme y acercarme a él. Pasa delante de mí. Se trata de un judío de un metro ochenta, viste una túnica blanca. Lleva melena y barba espesa. Es el momento más especial, delante de mí pasa y sencillamente me mira. Mi mirada y la suya se funden, es fuego el que arde en sus ojos y me enciende. Se detiene. Se acerca a mí, me toma la mano y me saluda.

- Bienvenido seas, hermano.

No tengo palabras, quien tanto ha escrito y ha hablado ha enmudecido. De nuevo se dirige a mí.

- Se quien eres, ante todo un buen hombre que ha viajado hasta Palestina para conocerme. Vienes con buenas intenciones, por tanto acompáñame y complaceré a tus lectores.

Todo se ha roto, ante Jesús no hay barreras, no hay miedos ni titubeos, te habla con amor y como quien ha venido al mundo para dar, sencillamente para ello.

2. EL REINO DE LOS CIELOS: PROCLAMACIÓN.

· El Sermón de la Montaña.

Jesús al ver el gentío, sube a la montaña y se sienta. Me invita a sentarme y tomar nota. La gente le mira, están hambrientos de una palabra que les llene, del agua que sacie frente a la que les da los dirigentes religiosos. Y él comienza a hablarles, durante una hora el Maestro expone su propia visión de la religión, fundamentada en la relación filial y fraternal. Ahora si lo comprenden, la religión no es cumplir unos mínimos, es buscar amar del modo perfecto a Dios y los demás, es sentirse en las manos del Padre y llamado a irradiar la caridad a cuantos rodean al creyente. Su voz es pausada y grave, irradia fuerza y a la vez paz.
Concluye el sermón de la montaña. El Maestro desea tener un rato de diálogo conmigo, es la primera entrevista que concede. ¿Por qué a mí?, nunca llegaré a conocer la respuesta desde mi inteligencia.

P: Maestro, alrededor tuyo se ha sentado una muchedumbre de personas, son gentes del pueblo, los que no entrarán en la lista de sabios y santos, sino personas anónimas y la primera pregunta que surge es a quiénes se dirige tu mensaje.
J: Tú mismo lo has visto, ellos son los preferidos de mi padre. Mi mensaje se dirige a los pobres en el espíritu, los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia (Mt 5, 1-10), aquellos que elevan el rostro hacia lo alto y suplican a mi padre, solo ellos pueden poseer el Reino de los Cielos.
P: Y ¿cuál ha de ser la misión de tus discípulos?
J. Con dos palabras te la defino: sal y luz, han ser la sal de la tierra y la luz del mundo, su misión será alumbrar a los hombres con las buenas obras que reealicen para que así den gloria al Padre. (Mt 5, 13-16)
P. Ellos proceden del judaísmo y por tanto la Alianza es el eje de su espiritualidad, por cierto bastante distinto el dicho del hecho, lo que afirmaba Moisés y lo que practican los escribas y fariseos. Pero bien, mi duda es si han de romper totalmente con la Ley de Moisés y la tradición profética.
J. No, no crean las autoridades religiosas que he venido a abolir la ley o los profetas, sino a dar plenitud. Te aseguro que antes pasará el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. (Mt 5, 17-18)
P. ¿Esto significa que los diez mandamientos siguen vigentes?
J. Sí, y el que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. (Mt 5, 19)
P. Por cierto, me vienen a la memoria los escribas y fariseos, ellos son considerados por el pueblo hombres santos, ¿tus discípulos han de ser como ellos?
J. No, han de ser mejores que los escribas y fariseos, sino, no entrarán en el Reino de los Cielos. (Mt 5,20)
P. Pues vamos a por los mandamientos. El quinto mandamiento es “No matarás”, ¿qué es lo que exige?
J. Los fariseos se ciñen a la letra, e imagino que mis futuros discípulos tenderán a lo mismo, a reducir el mandamiento al simple hecho de no matar. Sin embargo el Padre al dictarlo quiso exigir muchísimo más, pues todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena del fuego. (Mt 5, 22)
P. ¿Significa esto que el no hablarse con un hermano es pecado?
J. Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. (Mt 5, 23-24)
P. Ay, ¡cuantos no deberían ir a comulgar! Pero prosigamos. ¿Qué opinas del sexo?
J. La Ley prohibe el adultero, pero como bien sabes no está en el cuerpo sino en el corazón el origen del pecado. Así el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. (Mt 5, 28)
P. ¿Y del tema de moda, el divorcio?
J. El que se divorcie de su mujer – excepto en caso de impureza- la induce al adulterio, y el que se casa con la divorciado comete adulterio (Mt 5, 32)
P. Entre los niño es frecuente la expresión “te lo juro por...”, ¿estás a favor del juramento?
J. Nuestros antepasados sólo prohibían el juramento en falso. Sin embargo, soy más radical. Así pues no juréis en absoluto: ni por el cielo que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno. (Mt 5, 33-37)
P. Me ha gustado, pues muchas veces el juramento esconde una carencia de madurez y de sinceridad, la persona recta y veraz no necesita más. Y vamos ahora a un precepto que en su tiempo supuso un gran avance frente a los abusos de autoridad, la ley del talión. ¿La aceptas?
J. No, en el pasado se afirmaba “ojo por ojo, diente por diente”, aunque es justa mis discípulos han de ir más allá de la justicia, pues la caridad nunca es justa. Así pues, no hagas frente al que te agravia, al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. (Mt 5, 28-41)
P. Y al quien te pide dale...
J. Y al que te pide prestado, no lo rehuyas. (Mt 5, 42)
P. También se dijo amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
J. Pero yo en cambio os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. (Mt 5, 44)
P. ¿Para qué y por qué?
J. Para qué seáis hijos de vuestro Padre que está en el cielo y por que Él hace salir su sol sobre malos y buenos y manda lluvia a justos e injustos. Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis?, ¿no hacen lo mismo también los publicanos. Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mt 5, 43-48)
P. Jesús los fariseos y tus discípulos del mañana suelen mostrarse ante los demás buenos y fieles cumplidores de la ley, ¿es correcta esta actitud?
J. Bien puedes imaginarte que no, cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos. (Mt 5, 1)
P. Tres son las buenas obras: limosna, oración y ayuno. Vamos con la primera, ¿cómo ha de ser la limosna del cristiano?
J. Desde esta actitud, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres. (Mt 6, 2)
P. Luego...
J. Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te lo pagará. (Mt 6, 3-4)
P. Quien tenga la fortuna de encontrarse con tu mirada descubre inmediatamente que eres un hombre de oración. Saludas el alba con los salmos y despides el sol con ellos, frecuentas el templo, bendices las comidas,...
J. Sí, pero cuidado, cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pi en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. (Mt 6, 5)
P. Entonces ¿cuál es tu método de oración?
J. Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tuy Padre, que está en lo escondido, y tu Padre que ve en lo escondido, te lo pagará. Además, no uses muchas palabras como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. (Mt 6, 6-8)
P. ¿Has compuesto alguna oración que pueda ser el modelo del orante cristiano?
J. Llevo tiempo pensando en ella y ahora que me lo preguntas bien podría ser esta, en ella resumo todo lo que un cristiano debe pedir a Dios y marco la actitud, esta como ya te he dicho en otro momento, es filial, del hijo hacia su Padre. Vamos a ver si te la puedo recitar: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno. (Mt 6, 9-13)
P. Preciosa, no hay palabras para describirla. Desde este momento nadie podrá decir que no sabe rezar, pues meditando cada palabra se le dice a Dios todo lo que el alma puede suplicarle. Y por cierto, de nuevo surge la palabra perdón.
J. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas. (Mt 6, 14-15)
P. Prosigamos que queda uno, el ayuno, tan de moda en el siglo veinte con las dietas de adelgazamiento.
J. ¿Qué?.
P. Nada, nada.
P. Pues vamos, si lo se, os ocurre lo mismo que a los patricios romanos, cuando el hombre nada en la abundancia... olvida a esos miles de pobres que en la otra orilla del Mediterráneo sufren la miseria. Pero vamos a la pregunta, cuando ayunéis, no andéis cabibajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate l cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. (Mt 6, 15-18)
P. Hablemos del dinero, el dios dinero, ¿qué opinas de él?
J. No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los roan, ni ladrones que abran boquetes y roben. (Mt 6, 19-20)
P. A ver, resume todo lo que has dicho en una sentencia.
J. Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. (Mt 6, 21)
P. Sin embargo, pocos sirven solo a Dios.
J. Tienes razón, sin embargo nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. (Mt 6, 24)
Jesús calla un momento, después de pensar prosigue.
J. No podéis servir a Dios y al dinero.(Mt 6, 24)
P. Sin embargo ya nos conoces, una vela a Dios y otra al diablo, siempre preocupados por todo. En este mundo donde he llegado la gente se preocupa menos por el mañana, quizás por que todos los días son igual y carecen de muchas cosas, pero en mi siglo todo es bien distinto. Hemos inventado una nueva enfermedad, se llama stress y es la somatización del afán por tener y hacer, el querer llegar a todo, el asegurar el futuro sacrificando el presente. Sin embargo a ti te ocurre lo contrario, caminas por los días con gran libertad.
J. Lo se, por eso voy a dar unos consejos que sirven para el comerciante actual y para vosotros. No estéis agobiados por la vida pensando que vais a comer o beber, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? (Mt 6, 25)

Jesús eleva el rostro hacia los árboles, se escucha el piar de los pajarillos.

J. Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobierase, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? (Mt 6, 26-27)

De nuevo interrumpe el discurso. Con la mano indica el prado verde y lleno de lirios que centellean ante nuestra mirada.

J. ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? (Mt 6, 28-30)
Su mirada se dirige a quienes le escuchamos.
J. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura. Por tanto no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. (Mt 6, 33-34)

Ahora comienzo a comprender la madurez del Maestro, vive el presente, consciente de que su camino está siendo trazado por Dios Padre, asume cada mañana los retos. ¡Cuantas frustraciones nos evitaríamos!, si la gente viviese así evitaría ir al médico en muchas ocasiones.

P. Sin embargo nos preocupamos por lo que no tenemos que preocuparnos y olvidamos lo esencial. Siempre preocupándonos del mañana y de los demás. Es el gran vicio social, los juicios temerarios, las críticas, los comentarios, las buenas intenciones para arreglar la vida de los demás,... ya me entiendes.
J. Sí, perfectamente y mi consejo es no juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros y la medida que uséis la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?. (Mt 7, 1-3)
P. Por lo tanto ¿cuál es el remedio para no criticar?
J. Sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano. (Mt 7, 5) o más claro aún, trata a los demás como quieres que ellos te traten, en esto consiste la ley y los profetas. (Mt 7, 12)
P. Pero todo cuanto me has enseñando es difícil de cumplir y son pocos los que están dispuestos a vivir desde estos mandamientos.
J. Es el único camino posible. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ello. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos. (Mt 7, 13-14)
P. Sin embargo otros proponen unos caminos más fáciles y en sintonía con el sentir general, andan diciendo por ahí que para ser feliz no hace falta sacrificarse ni privarse de nada. Sólo tienes que leer sus canciones.
J. Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? (Mt 7, 15-16)
P.Y si no cumplimos tu mensaje, ¿qué nos pasará?
J. No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre hemos hecho muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. (Mt 7, 21-23)
P. Entonces, ¿distingues dos paradigmas de oyente?
J. Así es, por una parte se encuentra el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, este se parece a aquel hombre que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. (Mt 7, 24-25)
P. El otro oyente es el que asiste a misa todos los domingos, lee la hoja, va a cursillos de formación, se entera de todo pero cuando va confesar no tiene ningún pecado, precisamente porque ha oído pero no ha escuchado. Y así cuando vienen las dificultades se deja arrastrar por el ambiente.
J. Lo has expresado muy bien, a este, su persona, su casa se hundió totalmente. (Mt 7, 27)

3. EL REINO DE LOS CIELOS: INSTRUCCIONES A LOS APÓSTOLES.

· SECCIÓN NARRATIVA.

Primer ciclo de milagros.
El Maestro prosigue, baja del monte y rodeado de una multitud emprende el camino. Un leproso se acerca y lo cura. Entramos en la ciudad de Cafarnaun, situada junto al lago de Galilea. El Maestro no descansa, después de dirigir las palabras, cuando aparentemente entraba en esta ciudad para reponerse de la fatiga muchos se acercan esperando la curación. Un centurión con una fe mucho mayor que la del Pueblo de Dios, la suegra de Pedro y una multitud de incontable de endemoniados. Al anochecer aún tiene tiempo para dialogar.
P. Maestro, los romanos son los mayores enemigos de Israel, lo oprimen con sus legiones e impiden la instauración del Reino de David, sin embargo ante el Centurión, instrumento de represión por parte del poder, no has tenido reparos ni en hablarle ni en ayudarle, ¿te has vuelto colaboracionista?
J. Te aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Además, vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio, a los ciudadanos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. (Mt 8, 11-12)
P. También tengo otra duda, te has convertido en un taumaturgo, un hombre que realiza milagros, expulsa los espíritus y curas a los enfermos. ¿Por qué?
J. Recuerda las palabras de Isaías, en ellas está la razón de mi presencia aquí, “El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades”.





Segundo ciclo de milagros.
Al amanecer Jesús marcha a la otra orilla. El mar está embravecido, la barca se zarandea, el terror se apodera de la tripulación, mientras el Maestro duerme ajeno a la tragedia. Nos acercamos a él, “¡Señor, sálvanos que nos hundimos!” y conseguimos despertarle y ganarnos una fuerte reprimenda en la que nos califica de cobardes e incrédulos. ¡Tiene genio el Maestro!, ahora tenemos más miedo que antes, miedo ante su mirada, sin embargo toda la violencia la dirige a los vientos y al lago, quien dócilmente le obedecen. Allí, en la región de los gerasenos, dos endemoniados salen a su encuentro. Todos nos aterrorizamos. Desde lejos, viéndolos salir del cementerio, parecen dos muertos vivientes, personajes procedentes del mundo de las tinieblas. Sin embargo el Maestro no se asusta, con autoridad se dirige a los demonios y los expulsa. Abandona, a instancias de los lugareños, este territorio para regresar con la barca a su patria. Allí cura a un paralítico y una hemorroisa, resucita a una muchacha, devuelve la luz a dos ciegos y expulsa otro demonio.
Después de esta jornada agotadora, bajo la luna llena que ilumina mi libreta prosigo la entrevista. Cafarnaún es una ciudad hermosa y aún lo es más su alrededor y en concreto la playa, con las barcas en la orilla y el mar de Galilea seduciéndonos. El lago es un espejo donde las estrellas, la luna y nuestras imágenes se funden en sus cristalinas aguas. Los discípulos duermen en la casa de Pedro, la casa de los amigos del Maestro, en palabras de la suegra, una mujer buena, servicial y ante todo agradecida con el amigo de su yerno, quien ayer le curó de unas fiebres, ella rompe los tópicos, es sencillamente la expresión de la maternidad, en cuanto acogida y dulzura. Nosotros aquí, con el oleaje acompañándonos.
Amigo lector, las experiencias que estoy viviendo son únicas y singulares. Ahora comprendo los primeros capítulos del Génesis, cuando el hombre paseaba con Dios al atardecer, mientras la naturaleza se inclinaba a sus pies. Estar cerca del Maestro es encender el corazón, es sentir una fuerza, una luz, un fuego junto a la propia persona, sus palabras, su silencio, sus gestos, todo llena el alma. Soy un privilegiado, poder mirar cara a cara a Jesús y sentir que la vida tiene sentido porque hay un Dios que nos ama.
Tras una hora de silencio, el Maestro lo necesitaba. A él no le importa rezar en compañía ni que le observen, al contrario, en muchos momentos necesita estar rodeado, como el pastor cuando contempla en la noche las estrellas mientras las ovejas sestean junto a él. Somos nosotros su rebaño y es consciente de que ha venido a reunir las ovejas dispersadas precisamente por quienes creen representarle y sin embargo se han encerrado en el templo o en la sinagoga ignorándolas.
Tras la hora de oración me invita a preguntarle.

P. Maestro, ¿por qué no duermes en la casa de Pedro ni buscas como los escribas y fariseos un lugar donde establecer tu escuela y allí instruir a los discípulos?
J. Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. (Mt 8, 20)
P. Por cierto, ¿qué ha ocurrido con los fariseos?
J. Nada, un incidente de poca importancia. Me han reprochado el que perdonase los pecados, ignorando que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados. (Mt 9, 6)
P. Después de nuevo se han metido contigo, concretamente cuando te han visto rodeado por ese publicano llamado Mateo y sus compañeros.
J. Ellos son así, no comprenden que no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos y que no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores. ¡Ay! si muchos que predican la Ley recordasen aquello de misericordia quiero y no sacrificios. (Mt 9, 12-13)
P. También alegan en tu contra que tus discípulos no son muy amigos del ayuno...
J. ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán. (Mt 9, 15)
P. Sin embargo ellos que se creen buenos y perfectos cada día tienen menos seguidores. Baste mirar a la gente que te sigue y descubrir que andan como ovejas sin pastor, extenuadas y abandonadas.
J. Así es, la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. (Mt 9, 38)

· DISCURSO MISIONERO.
Seguimos hablando hasta altas horas de la madrugada. El Maestro se sumerge en la oración mientras abandono la playa y sigilosamente entro en la casa de Pedro donde duermen los discípulos. Al amanecer los reúne y llama a Simón, Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago, Tadeo, Simón y Judas. Por cierto como en todas las elecciones siempre hay alguno que se cuela sin saber por qué. Así ha ocurrido con Judás, un hombre introvertido, huraño, amigo del dinero, falso. Bien, que pronto olvido las enseñanzas del Maestro y aquello de no juzgar.
Después de darles unos consejos les envía a los pueblos, como pastores que marchan a recoger el rebaño desperdigado por los dirigentes religiosos. Mientras ellos emprenden con ilusión esta tarea aprovechamos para hablar. Esta vez en la casa de Pedro, atendidos por la suegra que no cesa en agasajarnos y procurar que nos encontremos cómodos.
P. ¿Quiénes han de ser los primeros destinatarios?
J. Las ovejas descarriadas de Israel.(Mt 10, 6)
P. ¿Cuál es la misión de tus discípulos?
J. Proclamar que el Reino de los Cielos está cerca. (Mt 10, 7)
P. Además de predicar, ¿tienen otra misión?
J. Sí, curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos y echar demonios. (Mt 10, 8)
P. Los curanderos son gente que se gana la vida con ello, cobrando unos honorarios por su labor, ¿cuánto ha de ser la tarifa de tus discípulos?
J. Lo que gratis han recibido, gratis han de darlo. (Mt 10, 8)
P. ¿Entonces han de marchar llevando provisiones para el camino?
J. No, se lo he mandado así: no llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalia, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.(Mt 10, 10)
P. Imaginemos que han llegado a una aldea, ¿qué pasos han de seguir?
J. Cuando entren han de averiguar quién hay allí de confianza y quedarse en su casa hasta que abandonen el lugar. Al entrar en una casa saludarán, si la casa se lo merece, la paz que les desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ellos. (Mt 10, 11-13)
P. ¿Qué premio tendrán los que reciban a tus discípulos?
J. El que los recibe me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado. El que de a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro. (Mt 10, 40.42)
P. ¿Y si son rechazados?
J. Entonces harán lo que les he dicho: si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquel pueblo. (Mt 10, 15)
P. Eso es muy fuerte.
J. Ya, pero es la realidad. Soy consciente de que los mando como ovejas entre lobos. La suerte que correrán será dura, pues como les recordaba esta mañana os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán compadecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. (Mt 10, 16-18)
P. Duro destino nos espera.
J. Si esto no es nada, los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra los padres, y los matarán. Todos los odiarán por mi nombre, pero al que persevere se salvará. (Mt 10, 21-22)
P. Es fuerte cuanto indicas, por tanto hacen falta personas con grandes cualidades.
J. No, solamente ser sagaces como serpientes y sencillos como palomas .(Mt 10, 16)
P. ¿Sólo?
J. El resto lo hará el Espíritu Santo, pues no seréis vosotros los que habéis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. (Mt 10,20)
P. Y ¿por qué?
J. Porque un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuanto más a los criados! (Mt 10, 25)
P. Bien, muy bonito, pero si me pongo en sus pieles me entran escalofríos.
J. No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. (Mt 10, 26.28)
La suegra de Pedro nos interrumpe. Ha regresado del mercado y es la hora de preparar la comida. Necesita saber los que seremos.
J. Prosigamos, ¿no se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones. (Mt 10, 29-30)
P. ¿Y si aterrorizado el discípulo vuelve atrás o se avergüenza de ti?
J. Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del Cielo. (Mt 10, 33)
P. Duro discurso.
J. No penséis que he venido a la tierra a sembrar la paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. (Mt 10, 34-36)
P. Maestro, ¿qué son los padres?
J. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí.(Mt 10, 37)
P. ¿Y los hijos?
J. El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.(Mt 10, 37)
P. Entonces ¿cómo sintetizarías el camino del discípulo?
J. El que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mt 10, 38)

4. EL MISTERIO DEL REINO DE LOS CIELOS.

· SECCIÓN NARRATIVA.
Con la llegada de los discípulos abandonamos Cafarnaún y recorremos las ciudades de Corozaín, Betsaida
P. Maestro, muchos te comparan con Juan el Bautista, los hay que oponen tu figura frente a la suya y los hay que te consideran continuador de su obra. ¿Cuál es tu opinión respecto del profeta del Jordán?
J. Él es del quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti. No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista. Él es Elías, el que tenía que venir. (Mt 11, 7-13)
P. Sin embargo desde la cárcel ha dudado de ti.
J. Así es, esta mañana ha enviado a dos discípulos suyos, pero cuando han visto como los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio han quedado convencidos. (Mt 11, 2-6)
P. Sin embargo tú actúas de forma distinta a Juan.
J. En eso tienes razón, vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: tiene un demonio; vino el Hijo del Hombre que come y bebe, y dicen: ahí tenéis un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores. Dos estilos distintos, pero los hechos dan razón a la Sabiduría de Dios. (Mt 11, 18-19)
P. Cambiemos de tercio.
J. ¿De qué?
P. Nada, cosas de mi país. Debes amar profundamente a Cafarnaún, Betsaida y Corozaín, pues en ellas es donde más milagros has hecho.
J. Las amo, sin embargo me dan lástima. ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotros, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de Sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotros. (Mt 11, 20-23)
Sin preguntarle Jesús eleva los ojos al cielo y exclama: “te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. (Mt 11, 25). Tras un silencio prosigo la entrevista.
P. Sin embargo lo van a tener difícil si recordamos las palabras de ayer.
J. Sí, pero no olvides que tendrán a alguien que estará con ellos, pues a los sencillos les digo venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (Mt 11, 29ss.)
P. Tus discípulos serán muy mansos y sencillos pero no se están pasando un poco de ignorantes saltándose el sábado el otro día cuando se pusieron a arrancar espigas de un sembrado y a comérselas.
J. ¿No has leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? (Mt 12, 3)
P. Pues no, me regalaron el otro día la Biblia y aún no la he podido leer del todo.
J. Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. Y ¿no has leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? (Mt 12, 5)
P. De nuevo desvelas mi ignorancia.
J. Pues aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa quiero misericordia y no sacrificios, no condenarías a los que no tienen culpa. (Mt 12, 5-6)
P. Pero...
J. Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.(Mt 12, 6)
P. No te pongas así, solamente era un escrúpulo que tenía.
J. Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja, y en sábado se le cae en una zanja, ¿la agarra y la saca o no? Pues ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer bien en sábado. (Mt 12, 11-12)
P. Ya sabes que como periodista busco todas las fuentes de información posible y hablo con los que te rodean y en concreto con los fariseos, quienes, por cierto, no tienen un buen concepto de ti, así que se prudente cuando estén cerca, pueden hacerte mucho daño. Son ellos quienes andan diciendo por ahí que actúas con el poder de Belzebú, el jefe de los demonios (Mt 12, 24).
J. Todo reino en guerra civil queda asolado, y ninguna ciudad o familia dividida podrá mantenerse en pie. Pues si Satanás echa a Satanás, es que está en guerra consigo mismo; y entonces, ¿cómo podrá mantenerse en pie su reinado? (Mt 12, 25-26)
P. Si yo lo tengo claro, pero ellos...
J. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. (Mt 12, 30)
P. Tampoco son tan malos.
J. A los hombres se les podrá perdonar cualquier pecado o blasfemia, pero la blasfemia contra el Espíritu no tendrá perdón. Es decir, al que hable en contra del Hijo del Hombre, se le podrá perdonar; pero el que hable en contra del Espíritu Santo no tendrá perdón ni en esta edad ni en la futura. (Mt 12,31-32)
P. Sin embargo ellos son buenos.
J. ¿Cómo puedes decir eso después de los comentarios que hacen sobre mi persona? De lo que rebosa el corazón habla la boca: el que es bueno, saca cosas buenas de su almacén de bondad; el que es malo saca cosas malas de su almacén de maldad. (Mt 12, 34-35)
P. Maestro, muéstrame un signo para que los convenza.
J. Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el profeta Jonás. ¡Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. (Mt 12, 39-42)
La conversación se interrumpe. Se escucha un murmullo, todos se giran menos el Maestro. Uno de entre la gente se acerca y me susurra al oído.
P. Maestro, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.
J. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. (Mt 12, 48-50)

· LAS PARÁBOLAS DEL REINO.
Un nuevo día junto al Maestro. Anoche la suegra de Pedro le insistió tanto que no tuvo más remedio que dormir en su casa. Sin embargo antes que amaneciese ya se encontraba en el lago, contemplando la salida del sol y rezando los salmos de alabanza al Padre Creador. Con los rayos del sol han llegado las gentes, hombres y mujeres que le siguen, alojándose en las casas de Cafarnaún, los que tienen conocidos, o durmiendo bajo los árboles que rodean la ciudad. La fama del Maestro va en aumento, cada día cientos de personas llegan al lago preguntando por él. Esta mañana ha tenido que sentarse en una barca a fin de no ser aprisionado y poder ser escuchado. Sentado les ha explicado de forma sencilla el significado del Reino de los Cielos, éste se parece a la semilla que cae al borde del camino, en terreno pedregoso, entre zarzas y en tierra fértil; está llamado a convivir con el mal del mismo modo que en un sembrado crecen juntos el trigo y la cizaña; su destino es como el del grano de mostaza pequeño cuando se siembra pero grande cuando se convierte en un arbusto; también se parece a un tesoro escondido, a una perla de gran valor y a una red que arrastra a la orilla toda clase de peces. (Mt 13)

5. EL COMIENZO DEL REINO DE LOS CIELOS: LA IGLESIA.

· SECCIÓN NARRATIVA.

Concluida la charla emprende el camino hacia su casa, situada en el interior de Galilea, en Nazaret. Allí, el hijo del carpintero y de María quiere hacer unos milagros, sin embargo encuentra el mayor rechazo jamás experimentado hasta el momento. Al abandonar la ciudad su rostro es triste y apagado. Apenas me atrevo a acercarme y cuando intento hacerle una pregunta me interrumpe bruscamente.
J. Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.
Proseguimos el camino, Él va delante, solo y pensativo. Quizás afloren ahora los recuerdos de la infancia, las horas en el taller, las noches hablando con los jóvenes de su edad. Seguro que no entiende ese desprecia hacia quien se desvivió por su pueblo, quien en su vida oculta no escatimó ningún favor, “toma esta silla no hace falta que la pagues”, “no te preocupes cuando termine voy y te arreglo el tejado”. Y sin embargo más de veinticinco años conviviendo con ellos y de nada han servido, no deja de ser el hijo del carpintero y de María.
Como siempre las desgracias no vienen solas. Apenas llevabamos media mañana caminando cuando ha salido a nuestro encuentro un discípulo de Juan. Andaba desde hacía días buscándonos y al encontrarse con Jesús toda su pena la ha desbordado en él, durante un rato ha llorado sin pronunciar palabra. En ese momento hemos comprendido aquello de “venid a mí los que estáis cansados y agobiados”. Jesús ha compartido su silencio. Por fin nos ha explicado el porque de las lágrimas. Unos días atrás el rey Herodes mandó decapitar al Bautista a fin de satisfacer los deseos de la hija de su amante Herodías. Su cadaver fue enterrado y sus discípulos, siguiendo las instrucciones del profeta desean unirse al Maestro. Convenía que el menguase para que Jesús creciese.
Debido a estas noticias sube a una barca y se marcha a un sitio tranquilo. Sin embargo la gente le sigue, obligándole a desembarcar y curar a los enfermos. Al atardecer nos encontramos con un gran problema, el sitio es un despoblado, las aldeas están lejos y la multitud tiene hambre. Sólo hay cinco panes y dos peces, suficiente para alimentar a todos. Manda a la gente que se recueste en la hierba y lo distribuye. Al anochecer se recogieron doce cestos llenos de sobras.
El Maestro aprovecha la noche para subir al monte a rezar en soledad mientras nosotros regresamos a Cafarnaún en la barca de Pedro. Rodeados por las tinieblas, a medianoche descubrimos la figura del Maestro andando por las aguas, Pedro duda y le pone a prueba pidiéndole que le permita andar como él, así ocurre, sin embargo al comprobar que es cierto siente miedo y se hunde. Lo recoge de las aguas y lo sube a la barca mientras le increpa por su poca fe.
Al amanecer prosiguen las curaciones. Han llegado unos fariseos y escribas importantes pues proceden de Jerusalén. Una oportunidad para entrevistarlos y conocer la idea que tienen los dirigentes de Jesús. Después me acerco lleno de dudas, las que ellos han sembrado en mí.
P. Maestro, he estado hablando con aquellos hombres de Jerusalén y han reprochado el que tus discípulos no se laven las manos antes de comer, incumpliendo la tradición.
J. Y ellos, ¿por qué se saltan el mandamiento de Dios en nombre de la tradición? Porque Dios dijo: honra a tu padre y a tu madre y el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte. En cambio ellos dicen el que declara a su padre o a su madre: los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo, ya no está obligado a sustentar a su padre; así en nombre de la tradición invalidan el mandamiento de Dios. (Mt 15, 3-6)
P. Sin embargo ahí están cumpliendo fielmente la ley.
J. No seas ingenuo y recuerda lo que profetizó Isaías y eso que ya han pasado unos años: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; el culto que me dan es inútil, pues la doctrina que enseñan son preceptos humanos. (Mt 15, 8-9)
P. Pero tampoco podemos saltarnos así la tradición.
J. Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre. (Mt 15, 11)
P. No te comprendo.
J. ¿No comprendes que lo que entra por la boca pasa al vientre y se evacua en el lugar retirado? en cambio, lo que sale de la boca viene del corazón, y eso si mancha al hombre. Porque del corazón salen los designios perversos, los homicidios, adulterios, inmoralidades, robos, testimonios falsos, calumnias. Eso es lo que mancha al hombre; comer sin lavarse las manos no. (Mt 15, 17-20)
P. Maestro, Maestro, que estás escandalizando a los fariseos.
J. Déjalos, son guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo. (Mt 15, 14)

Nos marchamos de allí para salir fuera de las fronteras de Israel, entrando en Fenicia. Allí cura a una mujer cananea tras probar su fe. Bordeando el lago de Galilea subimos al monte. La gente, tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos,... lo rodean. Él se sienta y uno tras otro los va curando. De nuevo la noche cae sobre nosotros y vuelve a multiplicar los panes y los peces. Los fariseos y saduceos no le pierden la pista, han recibido ordenes claras de Jerusalén y como buenos cumplidores las están cumpliendo. Los dirigentes religiosos quieren un signo, son prudentes y no pueden legitimar al Maestro. Repite la misma contestación remitiéndose a Jonás y sin más palabras los deja y se marcha.
Nos dirigimos a Cesarea de Filipo, allí nos pregunta a cuantos le acompañamos sobre la gente.
P. Maestro he estado preguntando a quienes te siguen y la verdad no lo tienen muy claro, para unos eres Juan Bautista, para otros Elías, los hay que consideran que eres Jeremías o uno de los profetas.
Nos pregunta a nosotros.
P. Maestro t
Pedro no me ha dejado hablar, iba a decirle que era un enviado de Dios pero con ese nervio que le caracteriza me ha cortado, afortunadamente, pues tenía la respuesta correcta, el Maestro es el Hijo de Dios vivo. Aquella profesión de fe le valió ser confirmado como Cabeza de los Doce. Al anochecer, allí en las fuentes del Jordán, en aquel vergel que el río fertiliza rodeado de desierto, mientras las aguas cantaban en el manantial el Maestro se sentó sobre una piedra. Nosotros le rodeamos.
P. Maestro, llamar a una persona es tomarla en posesión, así en la Escritura Dios cambia el nombre a sus elegidos a fin de afirmar la consagración de éstos a Yavé. Además los nombres indican la misión del elegido, podrías explicarnos cuál es la misión de Pedro.
J. Bien lo has dicho, desde hoy Simón ha sido tomado por mí como consagrado, elegido para una tarea muy concreta, ser piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. (Mt 16, 18)
P. ¿Cómo será la relación entre Pedro y el Cielo?
J. Le daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ate en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desate en la tierra quedará desatado en el cielo.(Mt 16, 19)
P. Maestro, en los últimos días tu rostro ha cambiado y lo mismo tu manera de comportarte. Progresivamente vas alejándote de la gente, centrándote en el pequeño grupo de los Doce y escondiéndote en las montañas y los bosques. ¿Sospechas que pueda detenerte el Sanedrín?
J. Mirad, vosotros habéis disfrutado de los días más bonitos en la evangelización, cuando las cosas andan bien y la gente escucha con hambre. Sin embargo todo esto va a cambiar, el evangelizador no está llamado al éxito sino al fracaso, así dentro de unos días marcharé a Jerusalén y allí sufriré mucho por parte de los sumos sacerdotes y escribas, quienes conseguirán lo que desde hace días están esperando, mi muerte en cruz. Pero no os asustéis al tercer día resucitaré.

Pedro, de repente se puso a increparlo. Aquello no entraba en sus planes, ¿cómo era posible que pronto se acabase este paseo triunfal por Palestina? Como dicen actualmente, nada más darle un cargo importante se le sube a la cabeza y empieza a mandar sobre todos e incluso sobre Jesús. La respuesta de éste no puede ser más contundente, “quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios”. Va a ser el gran combate entre Cristo y sus discípulos, impedir el plan de Dios porque siempre choca con los planes humanos, el fracaso no entra en las perspectivas del hombre, sin embargo Dios tiene otra mentalidad, para Dios el fracaso es como el grano de trigo que cae y desaparece para renacer en una espiga y dar fruto.
Pedro se ha sentido mal, su carácter le ha vuelto a traicionar. Es así y Jesús lo sabe, sencillamente es un hombre bueno, rudo y curtido por el lago, con un corazón trasparente, incapaz de reservar los sentimientos que pueda tener por prudencia. Jesús le mira con compasión y prosigue. En el diálogo vuelve a recordar las condiciones del seguimiento, esta vez dirigidas a los que serán los dirigentes de la Iglesia, ellos han de ser capaces de cargar con la cruz del ministerio y perder la vida a favor de la misión encomendada, solo quienes renuncien a todo serán fieles a Cristo.

Durante seis días el Maestro instruye a los Doce, es un tiempo de catequesis intensiva reservada solamente a ellos. Por ese motivo, de forma discreta abandono Cesarea de Filipo y me sumerjo en la vida de Galilea, hablando con todos los grupos sociales: los saduceos, los escribas, los fariseos, los zelotes y hasta con un esenio que cansado de tanta penitencia y austeridad ha abandonado Qumram para volver a su vida anterior.
El día séptimo el Maestro vuelve a reencontrarse con las gentes. Un hombre se acerca a uno de los discípulos y le pide que cure a su hijo, enfermo de epilepsia. Lo intenta titubeando y sin conseguir nada. Ante el fracaso se acerca a Jesús quien reprocha la falta de fe por parte de los discípulos. Seis días intensos con el Maestro no han sido suficientes para cambiar el corazón de los oyentes ni aumentar un ápice la fe de éstos. (Mt 17, 14)
Recorremos Galilea, después de estos días de retiro el grupo está ya formado, es el momento de comenzar a caminar. Esta etapa concluyo con otra charla, cuyo fin es asentar las bases de las futuras comunidades.




· DISCURSO A LA COMUNIDAD.

Hace ya días que el Maestro no me concede una entrevista, sin embargo al concluir la reflexión él mismo me invita a preguntarle.
P. Maestro, ¿quién es el más importante en el Reino de los Cielos?
J. Muchacho acércate. Os aseguro que si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos. (Mt 18, 3-4)
P. Ahora que hablas de los niños, ¿qué opinas del escándalo y todos aquellos que tratan de embrutecer a los niños?
J. El que escandalice a uno de esos pequeños que creen en mí, más le convendría que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo sepultaran en el fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! ¡Ay del hombre por quien viene el escándalo! (Mt 18, 6-7)
P. Pero a veces nos lleva la manera de ser, las debilidades humanas y tantas cosas...
J. Si tu mano o tu pie te pone en peligro, córtatelo y tíralo: más te vale entrar manco o cojo en la vida que ser echado al fuego eterno con dos manos o dos pies. Y si tu ojo te pone en peligro, sácatelo y tíralo. (Mt 18, 8-9)
P. Bien, ¿cómo han de ser tratados los niños en la comunidad?
J. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. (Mt 18, 10)
P. Sin embargo los niños y jóvenes tienen a abandonar la comunidad bien por ignorancia bien por rebeldía.
J. Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se le pierda ni uno de estos pequeños. (Mt 18, 12-14)
P. Cambiemos de tema, ¿cómo actuar ante los enfrentamientos en el seno de la comunidad?
J. Si tu hermano te ofende, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano, sino llama a otro o a otros dos. Si no te hace caso, díselo a la comunidad, y si no considéralo como un gentil o un publicano. (Mt 18, 15-18)
P. Cuando marches a la casa del Padre, ¿seguirás presente en la comunidad?
J. Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18, 20)
P. ¿Tiene fuerza la oración?
J. Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. (Mt 18, 19)
P. Retomemos las relaciones entre los miembros de la comunidad, ¿cuántas veces tengo que perdonar si mi hermano me ofende? ¿siete veces?
J. No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces. Mira hubo una vez que un rey quiso ajustar cuentas con sus empleados y comenzó por uno que le debía muchísimo. Tanto le insistió que le perdonó la deuda. Al salir éste se encontró con un compañero que le debía unas monedas y le obligó a pagarle, a pesar de las súplicas del segundo. Como no podía lo denunció. Al enterarse el Señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. (Mt 18, 23-34)
P. ¿Cuál sería la moraleja?
J. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. (Mt 18, 35)





6. LA PRÓXIMA VENIDA DEL REINO DE LOS CIELOS.

·SECCIÓN NARRATIVA.
Intuimos que pronto el Maestro nos abandonará. Ayer se despidió de Cafarnaún y de la suegra de Pedro. Ha sido un momento triste, muy triste. Ella le ha insistido en que se quedase allí, pues no le iba a faltar de nada, ofrecía para su servicio todas las tierras que poseía, incluso si era necesario trabajaría a fin de mantener al Maestro y los discípulos, no le importaba perderlo todo con tal de ganar al Maestro y seguir escuchando sus enseñanzas. Jesús también lo ha sentido, pero él no ha venido a hacer su voluntad sino la del Padre y no hay peligro mayor para el evangelizador que el acomodarse en un lugar.
Ahora emprendemos el viaje a Jerusalén, siguiendo las rutas de los peregrinos. Al atardecer de la primera jornada reanudo las entrevistas.
P. Maestro, volvamos a hablar del tema de moda, el divorcio. ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?
J. ¿No has leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. (Mt 19, 5)
P. ¿Y eso que implica?
J. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. (Mt 19, 6)
P. ¿Pero Moisés mandó darle acta de repudio y divorciarse?(Mt 19, 7)
J. Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciarnos de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer – no hablo de impureza- y se casa con la otra comete adulterio. (Mt 19, 8-9)
P. Si esta es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. (Mt 19, 10)
J. No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga. (Mt 19, 12)
Unas madres al ver a Jesús acercan sus hijos para que les imponga las manos y rece por ellos, pero los discípulos les regañan, recibiendo por parte de Jesús una reprimenda.
P. Maestro, ¿por qué has corregido a tus discípulos?
J. Porque han tratado de impedir que se acerquen a mí, olvidando aquello que dije hace unos días: “de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”. (Mt 19, 14)
P. Por cierto, hablemos del cielo. ¿Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna?
J. Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. (Mt 19, 17)
P. ¿Cuáles?
J. No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo. (Mt 19, 18-19)
P. Ah eso, entonces es bien fácil de cumplir, pero, ¿algo más?
J. Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo. (Mt 19, 21)
P. Maestro ahora si que te quedas solo. Conoces poco al ser humano, trabaja para tener y ¿tú le pides que lo que ha conseguido con sacrificio y esfuerzo lo venda?
J. Difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. (Mt 19, 23)
P. Ya lo creo.
J. Más fácil le es a un camello entrar en el Reino de los Cielos. (Mt 19, 24)
P. Entonces, ¿quién puede salvarse? (Mt 19, 24)
J. Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.(Mt 19, 26)
P. Tus discípulos lo han dejado todo y te han seguido, ¿cuál es el premio?
J. Te aseguro que cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también ellos, los que me han seguido, se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. (Mt 19 , 28)
P. ¿Y ya está?
J. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros. (Mt 19, 29-30)
P. Y ¿Cómo cobrarán, de acuerdo a los años entregados al Evangelio?
J. No tiene porque ser así. Una vez un propietario al amanecer contrató jornaleros y se ajustó a un denario por la jornada, lo mismo hizo a media mañana, a mediodía, a media tarde y al caer la noche. Al atardecer pagó a cada uno el denario convenido. (Mt 20, 1-10)
P. Pero eso no es justo, ¿por qué cobraron todos igual?
J. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. (Mt 20, 15-16)
P. Maestro subimos a Jerusalén, ¿qué esperas de la ciudad?
J. Es allí donde culminaré la misión que el Padre me ha encomendado. El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de Él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará. (Mt 20, 18-19)
La madre de los zebedeos se acerca presurosa, postrándose ante el Maestro. Con esa sumisión propia de quien desea conseguir algo del otro. Así es, le pide los primeros puestos para sus hijos. ¿Qué no hará una madre por su prole? Después de dialogar y enfrentar a la comunidad, como siempre sucede cuando alguién quiere medrar y ser más que los otros, proseguimos dialogando.
P. Maestro, ¿quién es el más grande en el Reino de los Cielos?
J. Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. (Mt 20, 25-27)
P. ¿Por qué, si el mundo funciona de otra manera?
J. Por que el Hijo del Hombre no ha venido a que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. (Mt 20, 28)

Salimos de Jericó, dos ciegos salen a su encuentro con gritos, es un grito que brota del corazón y que constituye una oración paradigmática, digna de musitar en silencio, “Ten compasión de nosotros, hijo de David”. Jesús siente lastima y tocándoles los ojos recobran la vista.
Jerusalén está cerca, por fin tras unos días de peregrinación llegamos a ella. En el camino muchos se han unido, es la Pascua y de todos los pueblos y aldeas de Palestina salen gentes que se unen a los judíos procedentes de Asia Menor, Grecia, Roma, son los pertenecientes a la diáspora que llegan allí a fin de celebrar la Pascua en la Ciudad Santa. Las montañas son peladas, todas de piedra y con escasa vegetación, para llegar a ella hay que subir cuestas y ascender por los valles y senderos. Por fin ante nuestros ojos se encuentra la ciudad más hermosa que jamás el hombre ha levantado, la ciudad santa, que alberga el templo en honor al Único Dios, Yavé. Es la ciudad donde Abraham intentó sacrificar a su hijo Isaac, la ciudad conquistada por David, capital de su Reino, la ciudad embellecida por el rey pacífico Salomón, la ciudad del Templo, una de las grandes maravillas de la Antigüedad, un templo destruido y construido tres veces, ahora más esbelto, gracias al rey Herodes, quien lo ha reconstruido sin escatimar nada. Es Jerusalén la ciudad de la corrupción, rodeada de templos y altozanos en honor a los dioses paganos y la ciudad que mata y apedrea a los profetas. Jerusalén representa al ser humano, espejo de la condición del hombre, capaz de los más justo y los más impío. Son hermosas las murallas de la ciudad y el templo con sus torres y almenas, su pináculo y explanada. Los ojos se ciegan ante tanta belleza. Jesús toma un borrico que le han traído sus discípulos se monta en él y entra en la ciudad, mientras canta el Salmo “que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”. Siempre emociona entrar en Jerusalén, la ciudad santa y pisar los umbrales, unirse a las tribus, las tribus del Señor y desear la paz a Jerusalén, la seguridad a quienes aman la ciudad. Ya están pisando nuestros pies, tus umbrales Jerusalén.
Pero no todo es bonito, la alegría del Maestro se transforma en ira cuando entra en el templo y descubre que está plagado de mesas de cambistas y puestos de venta de palomas. Toma unas cuerdas y con gritos los expulsa del templo. Abandonamos la ciudad y marchamos a Betania donde el Maestro se aparta de nosotros para rezar allí. A la mañana siguiente mientras desayunamos le pregunto por lo sucedido ayer.
P. Maestro, ¿por qué has expulsado a los mercaderes?
J. Bien claro lo dejó el profeta: “mi casa será casa de oración, pero ellos la han convertido en una cueva de oración. (Mt 21, 13)
El Maestro calla, no quiere hablar del tema, lo intento pero con su mirada me invita a guardar discreción, está profundamente dolido, no lo entiende. Ni siquiera ha podido dormir y eso que duerme tres horas, el resto de la noche la pasa rezando. Sin embargo sus ojos han permanecido abiertos, sin conciliar el sueño.
Al amanecer regresamos a la ciudad, en el camino se encuentra una higuera sin fruto y manda que se seque.
P. Maestro, ¿Cómo es que la higuera se ha secado de repente?
J. Si tuvierais una fe sin reservas, no sólo haríais esto de la higuera,; incluso si le dijerais a ese monte quítate de ahí y tírate al mar, lo haría. (Mt 21, 21)
P. ¿Por qué?
J. Porque todo lo que pidáis a Dios con fe lo recibiréis. (Mt 21, 22)
Al llegar al templo los sumos sacerdotes y los ancianos tratan de ponerle en un aprieto, pero el Maestro es hábil y les responde con una pregunta de la que no pueden salir. Está ya cansado de que vayan dando siempre rodeos, por ello se sirve de la habilidad y astucia que le es propia. A todos nos ha sorprendido cómo ha salido del dilema, planteando otro y frenando la investigación policial que el Sanedrín ha iniciado. Ante la pregunta sobre la autoridad con que realiza los milagros, una pregunta comprometida en la que ha sido colocado contra la espada y la pared otra pregunta del mismo estilo.
Al anochecer, mientras ellos duermen el maestro me concede una de las últimas entrevistas.
P. Maestro, cada día encuentras más rechazo en el seno de tu pueblo, precisamente aquel que está llamado a ser el portador de la Nueva Alianza.
J. Así es, la Nueva Alianza, el Reino de Dios les va a ser arrebatado por su infidelidad, de la misma manera que Nabucodonosor les expolió la Tierra Prometida, pronto la Historia de la Salvación pasará a otras manos. Os aseguro que los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. (Mt 21, 31)
P. ¿Por qué?
J. Porque vino Juan enseñando el camino de la justicia y no le creyeron, en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, no recapacitaron ni le creyeron. (Mt 21, 32)
P. Maestro, perdona mi ignorancia, no comprendo lo que dices.
J. Te lo explicaré, pues tú eres extranjero y careces del bagaje histórico del pueblo. Imagina un propietario que construye una viña y la arrienda a unos labradores. Llegado el tiempo envía sus criados para percibir los frutos que le corresponden y los matan, envía a otros y hacen con ellos lo mismo y por último envía al hijo y empujándolo fuera de la viña lo mata. ¿Qué hará con aquellos labradores? (Mt 21, 33-40)
P. Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos. (Mt 21, 41)
J. Recuerda lo que cantaba el salmista: “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. (Mt 21, 42)
P. Luego, ¿el fin del judaísmo está cerca?
J. Muy cerca, porque el Reino de los Cielos se les quitará y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Te lo voy a explicar más claro, al Padre le ocurre lo mismo que a un rey que celebraba la boda de su hijo y mando criados para que avisaran a los convidados, éstos se excusaron alegando problemas de trabajo y familiares, maltratando a los mensajeros. El rey montó en cólera y ordenó ejecutar a los asesinos al tiempo que invitó a los caminantes. Al llegar el día el rey reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le amonestó, arrojándolo fuera a las tinieblas. (Mt 21, 43-22, 13)
P. Comprendo, Dios no cesa de llamar a la gente a seguirle, sin embargo baste mirar como se encuentran las parroquias y los templos para descubrir que...
J. Muchos son los llamados y pocos los escogidos. (Mt 22, 14)
P. Por cierto, pronto hemos de hacer la Declaración de la Renta y pagar al Fisco lo que nos corresponde, ¿el cristianos podemos ser objetores fiscales o sea alegando razones de conciencia negarnos a pagar impuestos?
J. Mira las monedas, ellas son propiedad del Banco de España o del Banco Central Europeo, por tanto pagad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.(Mt 22, 23)
P. Y hablando de temas más espirituales, ¿cómo nos encontraremos en el Cielo?
J. Cuando llegue la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, serán como ángeles del cielo. (Mt 22, 30)
P. Y ¿Cómo definirías a Dios, tú que eres el que mejor le conoces?
J. Es el Dios de Abrahán y el Dos de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos. (Mt 22, 32)
P. Para Él, ¿cuál es el mandamiento principal?
J. Amarás al Señor tu Dos, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mt 22, 37-39)

· DISCURSO CONTRA LOS JEFES DEL PUEBLO.
P. Maestro, los escribas y fariseos son quienes enseñan la Ley al pueblo, pero ellos son incoherentes con lo que predican, ¿qué podemos hacer?
J. En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos, haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. (Mt 23, 1-3)
P. Así es, ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar, su única preocupación es que los vea la gente. Tus discípulos pueden caer en lo mismo y que acaben llamándoles maestro, padre y consejero.
J. Sin embargo no han de dejar llamarse maestro, porque uno sólo es su maestro, y todos ellos son hermanos. Tampoco han de dejarse llamar padre porque uno solo es el Padre, el del cielo. Ni han de permitir que les llamen consejeros porque uno sólo es su consejero. (Mt 23, 8-11)
P. Y ¿cómo han de relacionarse entre ellos?
J. Te lo voy a decir muy claro: el primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Mt 23, 11-12)
P. Todo lo contrario de las actitudes de los escribas y fariseos.
J. Ellos son hipócritas, guías de ciegos, necios ,sepulcros encalados, por fuera parecen justos pero por dentro están repletos de hipocresía y crímenes, hijos de los que asesinaron a los profetas, culebras, camada de víboras, insensibles ante lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad. (Mt 23, 13-33)
P. Maestro, ¡qué noche más hermosa!, la luna está alcanzando el plenilunio y en el horizonte se divisa la ciudad de Jerusalén con su templo y sus murales, sus casas y palacios, su ciudadela y fortificaciones. Más bien parece obra de Dios que de los hombres.
J. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas, pero no habéis querido! Pues mirad, vuestra casa quedará desierta. (Mt 23, 37-38)





· ENSEÑANZAS SOBRE EL FIN.
Al día siguiente subimos a la ciudad, contemplando fascinados el templo. Allí con mucha prudencia y tomando medidas el Maestro enseña. Al anochecer prosigo la entrevista.
P. La eterna pregunta que atormenta a la humanidad, ¿cuándo vendrá el fin del mundo?
J. Mira, cuando me vaya vendrán muchos usurpando mi nombre, diciendo yo soy el Mesías, y extraviarán a mucha gente. Vais a oír estruendo de batallas y noticias de guerra. No os alarméis, eso tiene que ocurrir, pero todavía no es el final. (Mt 24, 4-6)
P. ¿Qué acontecimientos precederán al fin del mundo?
J. Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos por diversos países, todos esos serán los primeros dolores. (Mt 24, 7-8)
P. ¿Tus discípulos tendrán algún protagonismo en ese momento?
J. Sí. Os entregarán al suplicio y os matarán; y por mi causa os odiarán todos los pueblos. Caerán muchos y se delatarán y se odiarán unos a otros. (Mt 24, 9)
P. Y cómo siempre ocurre surgirán falsos profetas, gente que querrá atraerse a la gente en beneficio propio.
J. Así es, aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente, y al crecer la maldad se enfriará el amor en la mayoría. (Mt 24, 11-12)
P. Maestro, dime alguna palabra llena de esperanza.
J. El que persevere hasta el final se salvará. El Evangelio del Reino se proclamará en el mundo entero, para que llegue a oídos de todos los pueblos.(Mt 24, 13-14)
P. ¿Qué ha de hacer el pueblo?
J. Los que estén en Judea que huyan a la sierra; quien esté en la azotea, que no baje por sus cosas, quien esté en el campo, que no vuelva por la capa. (Mt 24, 17-18)
P. ¿Habrá manifestaciones cósmicas?
J. Sí, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cilo, los atros se tambalearán. (Mt 24, 29)
P: ¿Será entonces cuando volverás?
J. Lo has acertado, entonces brillará en el cielo la señal del Hijo del Hombre, y todas las razas de la tierra se golpearán el pecho viendo venir al Hijo del Hombre sobre las nubes congran poder y majestad; y enviará a sus ángeles con trompetas sonoras y reunirán a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. (Mt 24, 30-31)
P. ¿Cuándo sucederá esto?
J. Antes que pase está generación todo eso se cumplirá. (Mt 24, 34)
P. Maestro, bien, pero dime el momento exacto, pues este puede ser el gran titular de mañana y no te imaginas el prestigio que alcanzará mi periódico y las ventas que conseguiremos con la noticia más esperada por la humanidad desde sus orígenes.
J. Lo siento por tu periódico y tus lectores, pero el día y la hora nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo y únicamente el Padre. (Mt 24, 36)
P. Entonces ¿para qué nos asustas?, ¿cuál es la finalidad el anuncio del fin del mundo?
J. Amigo periodista, no comprendes que el fin no es aterrorizar a la humanidad pues con el terror no se consigue nada sino mucho más pedagógico, se trata de invitarla a la conversión, por tanto, estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor. Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. Vosotros sois como el dueño de la casa que vigila su propiedad, o el criado fiel y cuidadoso cuando el ama está ausente, sed como las doncellas que toman suficiente aceite para mantener la lámpara encendida y así recibir al esposo, sed como los empleados que con constancia multiplican los bienes encomendados por su señor. (Mt 24, 42.44 – 25, 30)
P. Maestro, ¿cómo podemos estar vigilantes?, danos alguna clave para mantener la lámpara encendida.
J. Procurad servirme en el hermano, porque en el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo y el preso me hago presente, quien sirve a éstos sirve al Maestro. (Mt 25, 31-56)
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7. EVANGELIO DE LA PASIÓN Y DE LA RESURRECCIÓN.

Ha sido la última entrevista con el Maestro. Los acontecimientos se precipitan, Jesús no quiere hablar, pasa largas horas en oración, apenas duerme y su rostro está cansado y lleno de paz interior. La persecución contra Jesús va siendo patente, al Maestro se le sigue, incluso hay sospechas de que han conseguido convencer a uno de sus discípulos para que le delate. Por mi parte recibo ordenes de concluir el trabajo y agradezco las presiones por parte del jefe, pues aquí ya no hay nada que hacer, el Maestro se ha vuelto taciturno y solamente desea estar con sus discípulos.
Días después, una mañana, cuando ya estaba dispuesto a abandonar el país, oigo un griterío y al asomarme por la ventana de la posada veo pasar al Maestro, camina llevando una cruz. Bajo y me acerco, él me mira, no encuentro en su rostro el odio y la rebeldía propia de los condenados a muerte, “como oveja llevada al matadero no habría la boca”. Ecce Homo, Eh ahí el Hombre que ha asumido su destino, la voluntad de Dios Padre con paz interior. Le sigo, sale de la ciudad, junto a las murallas de Jerusalén es crucificado con dos ladrones. Uno de ellos no cesa de gritar, insultar, blasfemar mientras el segundo solamente mira al Maestro. Hermosa imagen, aquel ladrón al contemplar a Cristo conecta con la vida que irradia, en pleno tormento se deja llenar de él, mientras Cristo se vacía el buen ladrón se llena, mientras Cristo muere el buen ladrón revive. Al mediodía un grito aterrador en la lengua materna: Elí, Elí, lamá sabaktaní. Otro grito fuerte y el Maestro inclinando la cabeza expira.
El lector puede creer que todo ha concluido, no es así, la naturaleza se rebela contra la muerte del Justo, del Hijo de Dios, la tierra tiembla como nunca jamás y el mismo templo condena a los homicidas rasgando el velo.
Decido quedarme allí, no puedo abandonar la ciudad, algo tiene que ocurrir, no se que es, pero lo intuyo.
Cuarenta días después Jerusalén es un clamor, los Once embriagados salen del Cenáculo a proclamar la buena noticia, ha resucitado.
Con esa alegría abandono la ciudad, solamente se que mi vida es otra, allí donde vaya todo será diferente.
Ahora, después de unos días de encuentro vivo con Jesucristo a través de su palabra invito al lector ha hacer esa experiencia, releer el mensaje de Jesucristo. Pues en cada letra encontrará la vida necesaria y la fuerza para seguir adelante.
Y aquí concluye esta entrevista, solamente me queda agradecer al Espíritu haberme conducido al encuentro con el Evangelio, un Evangelio al que me he acercado siguiendo a Ignacio de Loyola que proponía en los Ejercicios Espirituales integrarse en la escena. Queda mucho por escribir y eso ya es tarea del lector, a ti te corresponde escribir con el teclado de tu vida el Quinto Evangelio, aquel que cada persona redacta y que es fruto del encuentro de la propia existencia con la Palabra de Dios.





LAUS XDEO