viernes, 22 de febrero de 2008

La Cuaresma

¿Qué es la cuaresma?

Éste es un tiempo para convencidos.
Tiempo de entrenamiento, ejercicio y lucha;
De mochila ligera y paso rápido.

Tiempo de camino y discernimiento,
De conversión y compromiso,
De prueba y encuentros
En el desierto, en la estepa, en el silencio.

Es el tiempo de los proyectos de vida,
De las decisiones y desmarques;
A veces, de las transfiguraciones.

Tiempo de humanidad rota y dividida
Que anhela el paraíso o la tierra prometida.
Tiempo de tentaciones, tabores y conversiones,
Traspiés, heridas y cegueras,
Perdones, restauraciones y agua viva.
¡Todo en sólo cuarenta días!
Este es el tiempo de las personas nuevas,
De las que han soltado el lastre
De ídolos secretos y falsas vanidades
Y ya sólo anhelan misericordia.

Esta pregunta es obvia, la cuaresma se enmarca dentro del Año Litúrgico, que pretende insertar al cristiano dentro del Misterio de Cristo, en la espera de su venida (Adviento); su nacimiento y manifestación a todos los hombres, judíos y gentiles (Navidad-Epifanía); su llamada a la conversión y la opción por el Reino que conduce al cristiano a compartir su pasión y muerte (Cuaresma-Semana Santa) para alcanzar con él la Resurrección y la Vida por la efusión del Espíritu Santo (Pascua), todo ello viviendo las hechos y enseñanzas del hombre que pasó su vida haciendo el bien, curando a los oprimidos por el pecado y enseñando un nuevo estilo de vida (Tiempo Ordinario).
Es dentro de él un tiempo de los llamados fuertes y conduce al acontecimiento central del cristianismo (el Triduo Pascual). Por eso durante cuarenta días toda la Iglesia se prepara para la Pascua del Señor, el paso de la muerte a la vida, celebrado durante cincuenta días desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés.
Es un tiempo de encuentro con Jesús. Muchas veces creemos que se trata solamente de hacerse un propósito y tratar de cumplirlo (dejar de fumar o de tomar bebidas alcoholicas o estimulantes, no comprarse todo lo que nos apetece, no ver la TV, chatear menos,... Sin embargo todo esto sin Jesús no tiene sentido y se convierte en una pesada y tediosa carga que pronto tratamos de minimizar o quitarnos de encima. La cuaresma es ante todo un tiempo para confiar en Jesús, para reencontrarse con Él y sentir que es Él quien camina, quien nos ayuda a vencer las tentaciones, quien transforma nuestra tristeza en gozo y nuestra soledad en presencia plena. Solamente así podemos empezar bien la Cuaresma. Como ese matrimonio o esos novios que llevan unos años juntos, necesitamos tomarnos un tiempo para nosotros, sólo para nosotros dos, Jesús y tú.
Es un tiempo de conversión. Para convertirse es necesario tener un corazón joven, esto es, dejar de pensar que todo está hecho, que no hay remedio, que nuestros defectos no los vamos a poder cambiar y en fin de cuentas, que más da. Solamente los jóvenes son capaces de vivir el Evangelio, solamente aquellos que están dispuestos a abandonar la vida presente en aras de la útopia consiguen vivir como Cristo, solamente los que creen en sí mismos se convierten, por eso convertirse no es asumir unas determinadas prácticas religiosas, es cambiar de vida totalmente, es arrancar de raíz nuestro pecado con la ayuda de la gracia que se nos da en el sacramento de la reconciliación. ¡Animo!
El testimonio de san Agustín nos ayudará: “Yo no tenía nada que decirte, Señor, cuando tú me decías: ¡Despierta, tú que duermes! ¡Levántate de entre los muertos! ¡Cristo va a iluminarte! Por todas partes me hacías ver la verdad de tus palabras; la verdad me seducía, pero no te respondía más que con palabras perezosas y somnolientas: enseguida, ahora mismo, dentro de un momento. Pero el enseguida no terminaba nunca y el en un momento se alargaba. No contestaba plenamente que no ni plenamente que sí. En mi interior me repetía: terminemos de una vez, acaba ya. Mis palabras se dirigían hacia la decisión: trataba de actuar, pero no hacía nada... En una nueva tentativa, casi logré, casi llegué al final, casi lo conseguí, pero no fue así”.
Propuesta de actividades:
- ¿En qué se parece mi vida presente con el testimonio de san Agustín?, ¿quién tiene que cambiar la sociedad o yo mismo (si quieres que el bosque se ilumine comienza encendiendo una cerilla)?, ¿cuáles son las razones por las que crees que has hecho o no una conversión radical a Dios en tu vida?, ¿crees que para reconciliarte con Dios es necesario el sacramento de la penitencia?
- Expresar en un dibujo, un recorte de periódico, una foto,... lo más importante que para vosotros supone la conversión.
- Formular una breve oración a Dios, pidiéndole la conversión en aquello que consideráis más necesario.
- Preparar carteles con un slogan o un dibujo que exprese lo que es convertirse y el sentido de cada semana.
¿Cuáles son las actitudes cristianas necesarias para vivir la cuaresma?
Las actitudes cristianas son cuatro:
- Oración: la cuaresma es el tiempo del desierto, entendido este como lugar bíblico, teológico o espiritual más que como lugar físico. Desierto en la Biblia representa los cuarenta años en el que el pueblo de Israel peregrinó, un tiempo marcado por la experiencia de amor entre Dios y el pueblo, expresado en la Alianza sellada en el monte Sinaí. Volver al desierto es volver a encontrarse con Dios, a renovar el espíritu de la Alianza. Por eso la cuaresma trata de representar los cuarenta años del éxodo como tiempo de encuentro con el Señor, tiempo de oración en el que lo importante es hablar con él y aumentar la propia espiritualidad. La cuaresma es el “mes sabático” del cristiano, cuando se preocupa por llenarse de Dios para después en la Pascua y Pentecostés anunciarle con la fuerza del Espíritu. La vida de oración se concreta en la oración personal que debe aumentar o en su defecto hacerse con constancia y diariamente, en la vivencia de la eucaristía como momento privilegiado del encuentro con Dios y del sacramento de la Reconciliación como experiencia de la misericordia de Dios y de la voluntad por convertirnos. Propósito: dedicar un rato a la oración, prepararme la eucaristía y confesarme cada quince días.
- Ayuno: vivimos en una sociedad donde lo superfluo es lo que impera. ¿Para qué trabajamos? Para tener cosas que no nos son necesarias, por eso durante este tiempo debemos ayunar de aquello que realmente no nos ayuda a mejorar la relación con Dios y los demás, hemos de autodemostrarnos que podemos prescindir de lo que creemos que es imprescindible para centrarnos en lo que realmente es importante: Dios. Propósito: restar tiempo de televisión o otras cosas superfluas para dedicarlo a la oración, la lectura, la familia, el deporte,...
- Limosna: lo que tenemos no es nuestro en propiedad, pues somos administradores de que aquello que recibimos. ¿qué no?, ¿la vida es tuya o te la han dado?, ¿si puedes servirte de lo que tienes no es porque tienes vida?, nada te pertenece pues Dios te lo puede quitar fácilmente, llamandote a su presencia. Por eso hemos de compartir con el otro. La cuaresma nos acerca a Dios y al acercarnos a Dios nos acercamos al hermano, especialmente al pobre, por eso el ayuno y la oración están al servicio de la limosna, como expresión del amor a Dios y de la vida austera que lo es para así poder compartir con el que no tiene. Propósito: proponerse colaborar económicamente en algún proyecto solidario.
- Penitencia: en el encuentro con Dios, que es Luz tienen que salir nuestros pecados, nuestras zonas oscuras, plagadas de mediocridad y egoísmo. Es la cuaresma el momento de conversión, de querer dar un repaso bueno a nuestra interioridad iluminados por la Palabra de Dios. La penitencia se entiende como acogida de la misericordia de Dios manifestada en el Sacramento del Perdón y propósito de reparar el daño causado por nuestro propio pecado. Propósito: con la Biblia en la mano revisar mi manera de ser cristiano y confesarme-

¿Cuáles son los signos de la cuaresma?
- La Ceniza: la ceniza es signo de arrepentimiento, cambio y conversión. Muchos personajes bíblicos se visten de saco y llenan su cabeza de ceniza como signo de arrepentimiento.
- El color morado: es el color de la conversión y la penitencia. Frente al negro, el morado es el color que anuncia la llegada de la luz, es por eso también signo de esperanza ante un acontecimiento inminente que nos llenará de gozo al tiempo que nos invita a prepararnos debidamente para este gran momento.
- La austeridad del templo: durante este tiempo no hay adornos de ningún tipo ni flores que puedan distraer la atención, el templo es signo de la vida penitencial de la Iglesia. Tampoco se canta el aleluya y los cantos tienen un tono penitencial que invitan a pedir perdón al Señor e implorar su mucho amor a cada uno de nosotros.
- El ayuno y la abstinencia: es un signo muy antiguo que solamente tiene sentido cuando va acompañado por el espíritu de oración-ayuno-limosna-penitencia.

El Papa Juan Pablo II y la cuaresma:

- "Mirad que subimos a Jerusalén" (Mc 10, 33): mediante estas palabras Jesús invita a sus discípulos a recorrer junto a Él el camino que parte de Galilea y llega hasta Jerusalén.
- El camino a Jerusalén constituye el modelo de vida del cristiano. Por eso Cristo dirige esta misma invitación a los hombres y mujeres de hoy.
- La Cuaresma representa para los creyentes la ocasión propicia para una profunda revisión de vida.
- Los cristianos en el mundo contemporáneo: hay cristianos que son testigos del Evagelio pero tambioén los hay que adoptan una posición de sorda resistencia y, a veces de abierta rebeldía, fruto de una experiencia de oración superficial, minusvaloración del Sacramento de la Penitencia y vivencia de la Eucaristía como un deber.
- ¿Cómo llevar a cabo un serio cambio de vida?: Abrir el corazón a los mensajes de la liturgia.
- Los hay que no advieren la urgencia de confrontarse con el Evangelio. Ellos intentan vaciar y convertir en inocuas, para que no tuben su manera de vivir, palabras como “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odien”. Sin embargo, los sucesos humanos de cada día sacan a la luz que el perdón y la reconciliación son imprescindibles para llevar a cabo la renovación social y personal.
- Los numerosos y trágicos conflictos que atenazan a la humanidad han hecho que profundos fosos de odio y de violencia surgieran entre pueblos y pueblos o entre grupos y fracciones de una misma nación. Frente a este inquietante escenario, los cristianos no pueden permanecer indiferentes.
- El único camino de la paz es el perdón, quien hace posible que se interrumpa la espiral de odio y de venganza y que se rompan las cadans del mal que atenazan el corazón de los contrincantes.
- Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transorfmrar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación.
- El amor no toma en cuenta el mal (1 Cor 13). El periodo cuaresmal representa un tiempo propicio para profundizar mejor sobre la importancia de esta verdad.
- Mediante el Sacramento de la Reconciliación el Padre nos concede en Cristo el perdón y esto nos empuja a vivir en el amor, considerando al otro no como un enemigo, sino como un hermano.
- En estos días de la Cuaresma la colecta asume un valor significativo, porque no se trata de dar lo que nos es superfluo para tranquilizar la propia conciencia, sino de hacarse cargo con solidaria solicitud de la miseria presente en el mundo. Considerar el rostro doliente y las condiciones de muchos hemranos y hermanos no puede no impulsar acompartir, al menos parte de los propios bienes, con aquellos que se encuentran en dificultad. El mundo espera de los cristianos un testimonio coherente de comunión y de solidaridad. Al respecto, las palabras del apóstol Juan son más que nunca iluminadoras: "Si alguno que posee bienes de la tierra y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (1 Jn 3, 17).
- He aquí porque en esta Cuaresma deseo invitar a todos los creyentes a una ardiente y confiada oración al Señor, para que conceda a cada uno hacer una renovada experiencia de su misericordia. Sólo este don nos ayudará a acoger y a vivir de manera siempre más jubilosa y generosa la caridad de Cristo, que "no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad" (1 Cor 13, 5-6).
- Con estos sentimientos invoco la protección de la Madre de la Misericordia sobre el camino cuaresmal de la entera Comunidad de los creyentes y de corazón imparto a cada uno la Bendición Apostólica. (Ciudad del Vaticano, 7 de Enero 2001)