lunes, 11 de febrero de 2008

Y a sus 15 años nos dejó

Lo recuerdo muy bien. La muerte de tus alumnos no se olvida: Cristian de leucemia, su hermano David, de accidente con la moto, David, también al inicio de aquel curso en accidente de moto. Son momentos muy tristes en la vida del profesor. Lo más triste en un colegio es enterrar a un alumno o alumna. Y María fue una de ellas. Fue un 28 de Abril de 2004. Como tantas adolescentes, regresaba a casa en la moto, con su novio. Un mal adelantamiento, entre Riba-roja y Loriguilla, en una estrecha carretera, los apartó de ella.
Valga un recuerdo para ti María.
Y para ti lector y lectora: prudencia. Mucha prudencia cuando vayas al volante. Y si eres joven, lo mismo. No quiero volver a asistir a la misa de un joven o una joven que muere en accidente de tráfico, por favor.
Amigo oyente:
Recuerdo muy bien el último minuto. Fue el viernes día 26 y trataba sobre una mujer cuya mirada se había apagado.
Aquel día sin yo saberlo iba a ser un día especial. A las 10.30 subí a la clase de 4º A. La mayoría tenía que preparar para otra asignatura una obrita de teatro y me pidieron que les dejase la hora. Así lo hice. Sin embargo había un grupito que no tenía nada que hacer. “María puedes bajar por el trivial que está en conserjería”. Era ella, sabía que podía pedírselo y que no se iba a negar. Bajó y subió enseguida con el trivial. Y comenzamos a jugar. Después ella misma lo bajó. La recuerdo en el pasillo del segundo piso pidiéndole a una compañera que se lo sujetase. Y allí lo dejó.
Fue la última clase de religión con una muchacha de quince años, que procedía de Turís y vivía en Loriguilla, una muchacha viva y llena de juventud, con un corazón transparente y a la vez lleno de vitalidad.
Y María ya no volvió, en la madrugada del domingo emprendió el vuelo hacia la eternidad. Y la verdad, reconozco que duelo hasta lo más profundo del alma la muerte de una muchacha servicial. El lunes el colegio se encontraba de luto, los rostros de sus compañeros irradiaban la tristeza de quienes habían perdido a una amiga incapaz de tener enemigos, amiga de todos, decidida y abierta. Después vino el entierro, un río de gente acompañó el féretro blanco mientras todos tratábamos de despertar de esta amarga pesadilla que comenzó una noche de primavera y luna llena, en la que una muchacha rodeada de azahares moría. Una joven destinada a la vida.
Y en estos días tristes en los que a veces trato de engañarme y creer que el miércoles la voy a encontrar a la entrada del Colegio Asunción he de reconocer que de los campos que rodean la carretera de Loriguilla emana un perfume de azahar, es como si María al abandonarnos hubiese dejado su rastro en ese perfume que embriaga para que la recordemos siempre como aquella muchacha de flor de azahar.
Y hoy mientras miro al mar la recuerdo, porque las únicas fotos que tengo de ella, el destino lo ha querido así son de un 19 de noviembre, macabra coincidencia, el mismo día en que enterrábamos una niña, ella se encuentra mirando el mar, ese mar que hoy desde el Faro de Cullera contemplo y que me recuerda aquello de que nuestras vidas son como ríos que van al mar.
Amigo oyente, cuando muere un alma joven sólo hay una sensación, no puede ser, el joven es una azucena que se abre a la vida y no es para marchitarse. Sólo me queda una esperanza María vive para siempre en el mar del amor de Dios, ahora tenemos un ángel que vela por nosotros. Valga este recuerdo para ti María que seguro me estás escuchando.