lunes, 1 de diciembre de 2008

Radio Ribarroja. 14-VI-2000. Monasterios

Amigo oyente:
Dentro de un rato me encontraré delante de un monasterio de clausura. Concretamente el Monasterio que las dominicas ocupan en Carcagente. El lugar se encuentra junto a la carretera, subiendo a San Blas. Este monasterio es muy especial para quien te habla. Aquí subía los sábados por la tarde cuando estaba colaborando en la parroquia san Francisco de Paula de Carcaixent, sencillamente buscando silencio.
Los monasterios son los oasis del silencio, esos lugares donde el huesped encuentra la paz necesaria para reencontrarse consigo mismo. En ellos todo rezuma sosiego y callada eternidad.
Baste recordar como nacieron los monasterios, fueron aquellos hombres de las bulliciosas ciudades romanas, los que convivían con soldados, gladiadores, comerciantes, esclavos y patricios los que deseando encontrar la paz abandonaron las urbes para marcharse al desierto. Después Benito de Nusia reunió a los ermitaños y fundó los primeros monasterios de Occidente, amparados y guiados por la famosa Regla, en la que marcaba la jornada y vida del monje. La Regla sufrió algunas reformas, una de ellas, muy llamativa, la de la Trapa. Fue esta rama del monacato la que impuso como máxima identificativa el voto del silencio. Y los monasterios han caminado con Europa hasta el presente. Y un tiempo donde abundan las palabras los monjes en su meditar siguen abriendo las puertas del cenobio a cuantos huespedes deseen encontrar en su oración y canto la paz necesaria.
Muchos son los monasterios, cerca tenemos dos, uno de ellos en el camino de Benaguasil, lo visitamos hace unas semanas, allí las hermanas trapenses siguen viviendo en silencio y quien se acerca lo encuentra, un silencio interrumpido por el canot gregoriano que fluye desde las entrañas de unos corazones trabajados con el cincel de la taciturnidad.

Hagamos lo que dice el profeta
Hagamos lo que dize el profeta. Dixe, guardare mis caminos por no peccar con mi lengua. Pufe guarda en mi boca, enmudefci, y humilleme, y calle aun de las cofas buenas. En efto mueftra el propheta, que fi algunas vezes por la guarda del filencio, aun las buenas palabras deuemos callar, quanto mas por la pena del peccado deuemos ceffar de las malas? Afsi q aunque las hablar feá buenas, fanctas y de edificacion, pocas vezes fe de licencia a los perfectos difcipulos para hablar por la grauedad del filencio, pues efta efcripto. En el mucho hablar no huyras peccado, y en otro lugar, la muerte y la vida eftan en manos de la lengua., Porque el hablar y enfeñar conuiene al maeftro, el callar y oyr, cóuiene al difcipulo. Poréde fi algo fe huuiere de preguntar al mayor, con toda humildad de fubjection y reuerécia fe le pregunte, de manera que no parefca que habla nadie mas de lo que conuiene. Mas las palabras ociofas, o de chocarrerias y mouientes a rifa, condemnamos las có perpetua claufura en todo lugar, y no confentimos.