lunes, 1 de diciembre de 2008

Radio Ribarroja. 23-VI-2000. Corpus

Amigo oyente:
Vamos a dedicarle un minuto a la fiesta del domingo, una celebración muy popular y arraigada en nuestros pueblos.
Es la procesión donde luce el sol y donde se refleja en los vestidos blancos de los comuniantes.
Es la procesión en la que se engalanan las calles con flores y se adornan con altares. Altares bonitos, llenos de plantas y con un corazón de Jesús, altares situados en casas concretas, como la de nuestra oyente Isabelín.
Es la procesión donde Jesús sale, sale la Eucaristía. Y me gusta, me gusta verla pasar delante de la gente, me gusta ver la presencia de Cristo en las calles, acercandose y mirando el rostro de quienes le contemplan, unos con curiosidad, otros con devoción, los abrá que con indiferencia.
Y me gusta, porque este es el Dios en el que cree y creeré, frente a quienes han pretendido alejarlo y situarlo en las nubes, mi Dios el que se pasea por el pueblo es un Dios cercano al ser humano, es el Dios que escucha al que le suplica, el Dios que llora ante la viuda y rie con los niños, es el Dios que se compadece de la muchedumbre hambrienta y les da de comer y el Dios que se tiembla ante la inminente destrucción de su ciudad. Es el Dios que cansado, porque también se cansa, de las muchedumbres se marcha un rato al monte a disfrutar de la naturaleza.
Un Dios así me gusta, ese Dios de la calle que se pasea por ella, como un vecino más, que se inclina para lavar los pies de sus discípulos y llega a caer y pedir que le ayuden en el camino de la cruz.