viernes, 23 de noviembre de 2007

despues de un atentado de ETA

Amigo oyente:
La mañana del 21 de Enero, festividad de la mártir Inés pasará a la historia de España como la mañana en que ETA volvía a matar. De nuevo una víctima inocente, un militar caía a manos de un coche bomba. Sabíamos que, gracias a la complicidad de quienes pactan con los grupos afines a ETA, un día de estos un nombre pasaría a la historia como la primera víctima de ETA tras la tregua. Ahora el nombre y el rostro ya lo conocemos, se trata de Juan Pedro y es militar que deja viuda y dos hijos. Pero imagino que la causa vasca está por encima del sufrimiento humano y que para muchos de los que en silencio comparten las ideas del terrorismo, es lógica y necesaria. Es triste, pero es así.
Y en esta mañana, la verdad no esperaba hablar de ETA, el minuto era triste y lo va a ser, se trataba de hablarte de un animal, concluyendo esta semana de los animales.
Una cosa, por favor, después de esta semana, evita estas expresiones para referirte a hechos criminales: esto es una animalada, los etarras son unos animales o unos bestias, salvajes. No, los animales tienen algo que ellos no tienen, corazón y sentimientos, y son incapaces de matar por disfrutar nadando en la sangre de la víctima.
Tras este prologo, permiteme Alex, que concluya con una carta.No recuerdo tu nombre, solo se que viviste muchos años antes de que naciera. Y de ti me han hablado desde la infancia, eres el gos de l’abuelo Eleuterio. Aquel perro cazador que acompañaba a mi abuelo con el carro, transportando material, aquel que era su compañero, junto con su escopeta en las cacerías, eras aquel perro que apareces en una vieja foto, junto a tu dueño y los cazadores del pueblo. Aquel que una vez le llevó a su dueño una zorra, que después lució pocos años mi abuela. Y eras el perro dócil, que cuando el dueño se olvidaba de la comida, regresaba y se lo traía.
Si, pero tu historia es triste, es la historia de un animal que vió como su dueño moría en accidente y partía en graneo a la entrada de Guadasuar, la culpa, sí, un caballo descarriado. Es la historia de un animal, que cuentan no se separó del cadaver, junto al que había sido su amo. Es la historia de un perro que acompañó el féretro de aquel hombre, que también dejaba viuda y un hijo de dos años. Es la historia de un perro que visitaba todos los días la tumba de su dueño y seguro que le lloraba, la historia de un animal que dejó un recuerdo imborrable en aquella familia.
Y tu representas a tantos de tu genero que amáis con pasión a vuestros dueños.