viernes, 23 de noviembre de 2007

Carta a Jesús después del campamento 2001

Querido Jesús:
Normalmente este es el momento que aprovecho para hablar de ti a los monitores y chavales. Hoy sin embargo, en este día tan especial, voy a cambiar, voy a hablar de ellos a ti. Porque ellos y tú sois los que ocupáis mi corazón.
La verdad es que el corazón del sacerdote es un lugar donde se funden dos grandes amores, dos amores que han de ir a la par y que llevan a dar la vida y a renunciar incluso a lo más maravilloso del mundo, sólo por amor a un Dios bueno y a unas personas que llegan a atrapar el corazón.
Ayer les dije que era una noche bonita, de las más bonitas del año. Sabes que hubo de ellas, en primavera en la que paseé por estos lugares preguntándote con el santo poeta Juan de la Cruz “¿A dónde te escondiste?”. La respuesta la he encontrado, te escondiste en cada uno de ellos, de este grupo de muchachos y muchachas que rondan los quince años y que han participado del campamento. Estos días te he encontrado en cada uno de sus rostros y he visto tu luz en sus miradas y tu voz en sus cantos y palabras.
Y hoy se despiden, mañana tendrán la última misa y esta pinada se llenará del griterío de los niños y se vaciará de su dinamismo, de esa vitalidad que hace de este campamento algo especial.
Tú lo sabes muy bien, es el campamento de jóvenes el que puedes hablar con ellos de tú a tú, porque son personas, ya prácticamente adultos, chavales que comienzan a vivir y a asumir responsabilidades. Y sabes que eso una de las cosas más gratas que vive un sacerdote cuando lleva ya años en una parroquia. Aquellos que un día vinieron al campamento de niños hoy se marchan ya mayores. Y mientras han pasado siete años. Y ahí están ellos, esas personas con las que cuando tenía su edad soñaba. ¿Recuerdas?, ¿recuerdas cuando tenía la mitad de los años que hoy tengo y me imaginaba sacerdote?, rodeado de gente, predicando, celebrando la eucaristía, conviviendo con ellos como hacía el vicario de mi pueblo, L’Alcudia y tantos sacerdotes que se iban de campamento. Y ahora es un sueño hecho realidad, porque los sueños se cumplen y se hacen realidad si uno espera, es constante y se empeña. Y ahora aquí me tienes, rodeado de ellos, de personas a las que esperé durante diez años, personas con las que soñaba a ser adulto cuando tenía catorce, quince, dieciséis y diecisiete años.
Ahí los tengo.
El campamento va a pasar, dentro de unas horas será historia, dentro de una semana un bonito recuerdo y dentro de un año unas fotos guardadas en el ordenador y unos recuerdos imborrables, pero el campamento quedará siempre en nosotros o al menos en mí, en este corazón que hoy gime de pena porque se acaba y de gozo porque estamos juntos. Y quedarán esas fotos, como quedaron tantas y tantas, cientos de fotografías que hacen que no olvidemos los momentos vividos aquí.
Y eso gracias a ellos.
Los conoces.
Como no recordar a Elena, la benjamina del grupo, siempre callada y a la vez activa y a sus amigas, a Alba, Laura, Mª Paz, Raquel y Virginia, que este, su primer año ha participado en todo. Ah, y por supuesto, al grupo de Carlos, porque siempre serán el grupo de Carlos, ahí, haciendo piña y que han sido capaces de integrarse en el campamento y demostrar que son capaces de todo. Porque lo sabes también, cada curso tiene algo especial, este tendrá siempre por tres cosas, son los únicos a los que les di la primera comunión, comenzaron los campamentos conmigo y llevan los mismo que yo, sin olvidar que siempre serán los del milagro de san Vicente. Ahí los tienes a Santiago, José, Sergio, Vicente, Francisco, Jorge, José Vicente, Javi, Antonio y Alejandro. Ellos vinieron al campamento sabiendo que esto no eran los juniors, aunque estuviesen Carlos, Juanantonio y Yolanda, que era otro campamento distinto, con lo bonito que siempre tiene el cambiar de campamento, de dinámica, de avanzar.
Y con ellos, ese grupo que tantas migas hicieron hace dos años, los que animaron el campamento de Medios y Mayores. Imagino que os acordáis. Y este año, por encima de todo han estado ahí, trabajando, participando de las actividades. Ahí estaban Rafa, Carmina, Adrian, Manuel, Ana, Paula, Mª José, Vicente Iban, Jael, Belén, Migue, Alberto. Esa piña que se hizo, donde os fundistéis en armonía y amistad los que habíais venido al campamento siempre y las que de nuevo veniais y cuyo mejor regalo fue que el año pasado repetieron.
Y finalmente como no, a mis chicos de tercero, a Enrique Miguel que siempre nos da una lección de humanidad y que queramos o no es la presencia más viva de Jesús. Ahí están los que se han confirmado y lo mejor de todo no han abandonado la parroquia, los chicos Salva, José Enrique y José, sin olvidar a Ángel, les meues xiquetes cuya simpatía nos cautivaron a todos hace ya algunos campamentos y que este año volvieron a inundar de alegría estos árboles con la acampada de confirmación y ahora, estos días tan bonitos, Ana que seguro nos está recordando, Sandra, Rocío, Mireia y Ana Cutanda. Y claro que sí, me acuerdo muy bien el primer campamento con ellas y me acuerdo el nombre que tenían, no, no es ese, se llamaban las bonsay, era 1996, ellas han venido como vinieron hace dos años cuando había tanta fiesta en el pueblo, Mariavi y Amparo y los hijos de dos personas que me acogieron tan bien en una de la fiesta más entrañable que he vivido, Cristo 2000, Salva y Javi, y Blai, el único con el comparto apellido, Marisa a la que conozco del cole, Isabel, a la que por fin le di la foto y finalmente, no, no me olvido de Laura, nuestra guitarrista de tantos domingos en La Colonia y aquí.