sábado, 17 de noviembre de 2007

si no escucháis su voz


Un pequeño descanso para llamar a los ayuntamientos y hacer bando que el domingo no habrá misa a las 12 y por la tarde. Que uno se va pero no se olvida de sus obligaciones.
A las 13:15 tuvo lugar la plática, sobre la frase de Hebreos 3, 7, “si no escucháis su voz”, centrándola en dos ideas claves y muy iluminadoras, tomadas de Is 50, 4-11 y Jr 29.El primero se encuentra en el destierro, en país extranjero, compartiendo con sus compatriotas la burla de quienes les han derrotado y cautivado. No tienen nada que ofrecer a Dios, pues el templo ha sido destruido y suprimido el sacerdocio, además no tienen un príncipe propio. Momento terrible para el profeta y el pueblo de Israel. Pero en ese momento nos ofrece la figura atrayente desde la fe, repugnante humananmente, del siervo, es el cántico que proclamamos el viernes santo y que evidentemente se identifica Cristo con él. El Siervo ante esta situación ofrece su vida como respuesta. Sin templo ni sacrificios encuentra la fuerza en la Palabra de Dios, en la lectura atenta de la Escritura, de la Biblia. Si nos fijamos esto es lo que ocurrió al pueblo de Israel, creando la sinagoga o lugar de la palabra que convivió con el templo tras la restauración de éste y hasta su última destrucción por los romanos, el año 70, si no me falla la memoria. Y esto es lo que hace hoy Israel, sin templo, ante el muro de las lamentaciones, se apoya en la Palabra de Dios que medita y reza allí. Y nosotros, también estamos llamados a ello. No podemos resistirnos ni echarnos atrás, hemos de escuchar diariamente la Palabra de Dios. Este debiera de ser uno de los objetivos como juniors, que la Biblia sea significativa, hablar menos nosotros y dejar hablar más a Dios, que ella sea la que ilumine el presente. Como bien me decía el primer presidente diocesano de los juniors, Jesús Quinzá, en la Biblia está la respuesta.
Por otra parte Jeremías se dirige a los judíos deportados y les invita a concebir hijos e insertarse en esa sociedad dando ejemplo. Eso es lo que también nosotros estamos llamados a hacer, a trabajar por el bien del mundo. Vivir el hoy, el kairós, es decir, el tiempo de gracia, de la presencia de Dios Así lo explicó Jesús en la homilía más breve de la historia. En Nazaret, nos cuenta Lucas, después de leer a Isaías, sencillamente afirma: “Hoy se ha cumplido esta palabra que acabáis de escuchar” y se sentó. Es hoy, ahora, en estos momentos donde Dios está actuando, por eso hemos de ser capaces de escuchar el corazón y no endurecerlo.
Y si éste no es el post más breve, casí. Que hoy escuches a Dios que te habla en el cielo, los montes, estos árboles que contemplo, los niños que juegan, tu corazón y sobre todo en la Biblia.