sábado, 17 de noviembre de 2007

Domingo 4. 22.45 horas.



Queridos amigos:
Después de hora y media de carretera, con un atasco y 120 km distancia ya estoy aquí otro año para entregarme a la oración y a la meditación. Van a ser días de encuentro con el buen Dios que siempre busca la forma de hablarnos. Días de callar, pensar, rezar, amar y escribir. Y vosotros váis a ser los interlocutores, gracias a Internet, quienes visitéis el blog os encontraréis con las reflexiones que día a día iré escribiendo y al finalizar los ejercicios, cuando llegue a mi casa y vuelva a estar cibercomunicado, lo colgaré allí.
Es evidente que estas reflexiones no son para vosotros, en el sentido en que van dirigidas a los sacerdotes, a un grupo de personas que hemos hecho esta locura, “bendita locura”. Por tanto aquí es verdad que te encontrarás con el alma de un sacerdote en ejercicios, que durante estos días reflexiona y comparte el fruto de su oración con vosotros.
Y comenzamos.
Los ejercicios los dirige el rector del Seminario de Alicante y realmente han comenzado con la primera charla, a las 21.45, nada más cenar. Es la presentación de estos días y él ha comenzado con una frase que nos ayuda a todos nosotros y que constituye el motivo de todo ejercicio espiritual, “El Señor quiere hospedarse en nuestra vida”. Esa es la realidad. Mi buen Dios, un nuevo año me llamas a estar contigo en este monasterio franciscano, junto a Francisco de Asís y mis hermanos sacerdotes. Te la has ingeniado para que deje mis queridas y amadas parroquias y me entregue a ti, como dos enamorados, a sentir tu cercanía y también tu lejanía, el calor de tu presencia y la frialdad de tu ausencia. Tú me llamas para hablarme, para perder el tiempo contigo sin hacer nada, sólo rezando y adentrándome en la profundidad de mi interior para allí encontrarme contigo. Tú hoy me pides como a Moisés descalzarme, dejar atrás lo que separa de la madre tierra para volver a la tierra de la que fui moldeado y de nuevo dejarme moldear por el Espíritu y tu Palabra, las manos del Padre. Días que constituyen una aventura, pues no se lo que tú me vas a dar, lo que me espera, podrán ser días llenos de sentimientos de amor o días de desierto y vaciedad, de plenitud o de aburrimiento, esperando pasen las horas y llegue el viernes. No importa, como el Cristo de San Damián, extiendo los brazos y te digo, aquí estoy Señor.
Porque a los ejercicios nos ha invitado a entrar con humildad, ante un Padre que nos quiere.
Y durante estos días el director nos hablará entorno a la eucaristía. Serán cinco meditaciones de dos partes cada una en la que reflexionaremos sobre el mandato de Jesús, “darles vosotros de comer”. Nosotros, sacerdotes, estamos preocupados por vosotros, por quienes formáis parte de nuestra familia, nuestras parroquias. Nosotros como los apóstoles le preguntamos a Jesús, “¿mira como están?” y el responde así, invitándonos a que seamos quienes os demos de comer, quienes satisfagamos vuestras ansias de plenitud.
En estos ejercicos cada día habrá una frase y unos textos. El primer día será “sintió compasión de ellos” y nos aproximaremos al corazón mismo de un Dios que nos ama, mientras miramos nuestro propio corazón y nos preguntamos si realmente nosotros sentimos compasión por vosotros, nuestros fieles. Durante el segundo día reflexionaremos acerca de “Yo soy el pan vivo”, pues Cristo es el alimento del caminante. El tercer día acerca de “Nos amó hasta el extremo”, descubriendo el amor primero de nuestra vocación”. El cuarto día nos adentraremos en el camino de Emaús, pues ellos representan nuestros desencantos en la vida del sacerdocio. Y finalmente el quinto día responderemos a la pregunta “¿me amas?”. Las meditaciones serán una por la mañana y otra por la tarde, con una duración de 30-35 minutos y a partir de ahí a rezar y a dejar que Cristo nos hable en la oración, a estar a solas con él, paseando por la montaña, en la capilla, en la ermita, en la habitación,… Todos los días, además, habrá una plática en la que leeremos la carta a los hebreos. Ésta es una homilía dedicada a los sacerdotes que están en crisis, a los judeocristianos que añoran el esplendor del templo y ahora se ven perseguidos, una invitación al amor primero, al sí inicial que todos nosotros dimos un día a Cristo.
A continuación nos ha presentado el horario. Os lo ofrezco para que así os hagáis una idea de cómo trascurre un día de ejercicios. A las 8.30 rezaremos en el coro los laudes u oración de la mañana, uniéndonos a los sacerdotes, religiosos y religiosas, seglares, la Iglesia que todas las mañanas alaba a Dios. A las 9 el desayuno. A las 10 la primera meditación y a partir de ahí tiempo de silencio y oración hasta las 13.15, cuando comenzará la plática. A las 14 la comida y descanso hasta las 16.30, hora en la que tendrá lugar la segunda meditación, la merienda y la oración. A las 19 se expondrá el Santísimo para los que lo deseen, pues a la caída de la tarde se reúnen los enamorados para hablar de sus cosas. A las 20 tendrá lugar la misa y a las 21 la cena. Finalmente a las 21.50 rezaremos las completas y ya cada uno a su habitación.
También nos ha pedido silencio para callar, estar con Cristo y oxigenarse y a orar unos por los otros y por vosotros, teniendo presente a María.
Y así ha sido la primera charla. Son las 23.15 y yo también concluyo. Mañana amanecerá.