sábado, 17 de noviembre de 2007

miércoles, día central de los ejercicios


Ya estoy aquí de nuevo. Después de la meditación, el rezo del oficio de lecturas y un largo paseo de una hora rodeando el monasterio, bajo los pinares, aprovecho este encuentro para reflexionar sobre lo que nos ha dicho el director espiritual y así a la vez que lo comparto con vosotros rezo.
Es miércoles, el día central de los ejercicios y en esta jornada nuestra reflexión va a versar sobre la institución de la eucaristía que aparece en Mt 26, 26-30; Mc 14, 22-26; Lc 22, 14-23; 1 Cor 11, 24-25 y el lavatorio de los pies de Jn 13, 1-20. El contexto está precedido por el complot contra Jesús, la unción de Betania, que evoca la unción de los difuntos y donde los discípulos, siempre ajenos a la mentalidad de Jesús, lo critican y la traición de Judas. Jesús en todos estos pasajes aparece como el que se entrega voluntariamente y así el sacerdote es el que por amor y libremente entrega su vida a Cristo en el servicio a los demás. Tengo delante de mí la cruz de S. Damián, es bellísima, un Cristo herido, crucificado que mira, un Cristo para los demás. Generalmente los Cristos son solitarios, están ahí, en medio de la pared, solos y sin embargo no es así, pues Jesús no murió solo, incluso tenía junto a él dos personas que compartían su misma suerte y sufrían igual que él, los dos ladrones. Jesús murió acompañado, rodeado de gente y su muerte sólo tiene sentido en cuanto es para los demás. Su vida no fue la de un solitario, siempre estuvo rodeado de gente y cuando no rodeado por el Padre, fue una vida para el Padre y para los demás. Y así aparece en la cruz que habló a S. Francisco de Asís. El Padre, en la mano, el Espíritu en el rojo que lo envuelve todo, los bienaventurados del cielo, los ángeles, los hombres y mujeres cerca de su corazón, su rostro está a la misma altura que el corazón, la sangre se derrama sobre todos ellos. Ese es Jesús y así se presenta en la última cena. En ella lo primero que hace es dar gracias a Dios por que va a entregar s vida. A diferencia de los salmos, donde el salmista ante una situación de peligro pide ayuda, Dios actúa y él le da las gracias, en la última cena Jesús le da las gracias antes de que actúe el Padre, porque sabe que no le va a fallar y va a intervenir a favor de él resucitándole. También nosotros en el ejercicio de nuestro ministerio debiéramos darle las gracias ante las dificultades. En estos relatos el pan y la sangre se derraman, es decir, dan vida, mientras Pedro no lo entiende como se descubre en el lavatorio de los pies, no acepta un Mesías siervo que le lave los pies y en el fondo no acepta que ser Papa significa lavar los pies, servir, aceptar la cruz, la persecución, ser el último para que Cristo sea el primero, vivir como Jesús y por eso se niega.
Pero la reflexión debería llevarnos sobre todo al eje de unos ejercicios espirituales, la experiencia de saberme amado por Cristo. Cristo es el que se ha compadecido de mí, me ha curado y me ha dado el pan de vida. Él es el auténtico tesoro, la fuente de la felicidad, pues me ama. Y ser sacerdote es sentir que por fidelidad, no del sacerdote, sino de Cristo, él sigue sirviéndose de uno para transmitir la misericordia y hacerse presente para los demás. Un pequeño descanso y retomo la meditación, este desierto, lugar de oración y paz, con la mirada puesta en el cielo azul y el verde bosque.
Comienzo la oración, busco en Mateo el texto de la institución de la eucaristía. Miro al Cristo de S. Damián, siendo que me mira. Es el mismo que se entrega en la eucaristía.
Leo:
Mateo: este hombre será entregado para ser crucificado – darle muerte – una mujer – frasco de alabastro – perfume – carísimo – derramó en la cabeza – ha hecho una obra buena conmigo – a mí no siempre me tenéis – preparando mi sepultura - ¿qué me dais si os lo entrego? – buscaba una ocasión para entregarlo – atardecer – uno de vosotros me va a entregar – tomó un pan – pronunció la bendición – lo partió – se lo dio a sus iscípulos – tomad, comed, esto es mi cuerpo – tomando la copa pronunció la acción de gracias – se la dio – bebed – mi sangre de la alianza – se derrama
Marcos: mujer – frasco de perfume de nardo puro – quebró el frasco – se lo derramó en la cabeza – la reprendían – se ha adelantado a ungir mi cuerpo para la sepultura – se dirigió a los sumos sacerdotes para entregárselo – se alegraron dinero – primer día de los ázimos – al atardecer llegó con los doce – uno de vosotros me va a entregar – uno que come conmigo – tomó pan, pronunció la bendición – lo partió – se lo dio – tomad, esto es mi cuerpo – tomando la copa pronunció la acción de gracias – bebieron todos de ella – esta es la sangre mía de la alianza que se derrama por todos –
Sangre que se derrama. Señor esa es la realidad, tu sangre se derrama por nosotros, por la tierra árida de nuestro corazón, tú te anticipas a las transfusiones de sangre, la sangre da vida al enfermo, impide que muera cuando el la pierde, suple la propia, llena el cuerpo con el fluido de la vida, la sangre derramada es la que hizo surgir la vida, en las entrañas de la madre, la sangre nos alimentaba, se derramaba por nuestras venas y gracias a ella crecíamos, es la sangre que alimenta al niño después de nacer, se pierde para que tengamos vida, morimos para que haya vida en nosotros, derramar la sangre.
La una del mediodía.
Lucas: buscaban acabar con él – Satanás entro en Judas – se alegraron y se comprometieron a darle dinero – cuanto he deseado comer con vosotros esta víctima pascual antes de mi pasión – tomando la copa dio gracias y dijo: tomad esto, repartidlo entre vosotros – tomando un pan, dio gracias y lo partió y se lo dio diciendo: esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros – tomó la copa después de cenar y dijo: ésta es la copa de la nueva alianza, sellada por mi sangre que se derrama por vosotros – yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Señor, tú eres el que sirve, toda mi vida ha sido un sentirte cerca, sentir tu mirada, llena de misericordia y ternura, eres el que sirve, el último de todos, el criado, el que se arrodilla ante los demás, el que tiende los brazos para que le aten las manos y lo lleven a la cruz, el que abre las manos para ser crucificado, el que ama, el que da, el que se da sin esperar, el que mira con amor a pesar de las injurias, el que cuando ellos van a abandonarte y dejarte sólo, en el momento más terrible de tu vida, te arrodillas ante ellos y les lavas los pies, te levantas y les sirves como el criado, les das tu cuerpo y tu sangre.
Queridos amigos. Os dejo que son las 13:10 y a las 13:15 está la plática. Ya os contaré.