viernes, 23 de noviembre de 2007

La fiesta de S. Vicente

Y un artículo para el Altar de S. Vicente, al que visitaré gracias a Dios, no fue este año, sino el próximo. El motivo será una experiencia nueva y deseada, os lo confieso, hacer de mantenedor de los clavarios del altar 2008, Gemma y Vicente y Carmen, la clavariesa infantil y los clavarios mayores. A Gemma la conozco desde que nació, es hija de Vicente y Rita, dos buenos festeros y hermana de Diego y Vicente, Monta, un buen monitor junior. Realmente S. Vicent le acompañó prácticamente desde el primer instante de su vida, pues cuando comenzó a vivir tenían los padres al santo en casa, por ser ese año clavarios y Vicente y Carmen, los fundadores del altar, con quienes celebré la misa más hermosa de mi vida. Me costó 5 horas y media llegar a la iglesia y otras cinco horas y media bajar, junto a un ángel de la guarda que impedia me fuese abajo. Fue en el balcón de Pineta, en julio de 1997, si no me falla la memoria. Allí nos esperaba Dios y su hijo, Sergio, que como Cristo emprendió el camino hacia el monte para allí ser llevado a los brazos del Padre. Y en aquel lugar, un centenar de personas, con Carmen y Vicente, celebramos una misa muy especial, llevando en el corazón a Sergio y ofreciéndola por ella, por su compañero montañero y por tantos hombres y mujeres que dejaron su vida en la montaña. Pero bien, el artículo no va de eso, lee...
Queridos amigos:
Un nuevo año la fiesta de san Vicente nos invita a participar de los actos en honor al ilustre valenciano, el Pare Vicent.
Que san Vicente es un gran santo es evidente y lo fue, no sólo por los milagros, sino ante todo y sobre todo porque fue un gran creyente, un hombre que supo encarnar en su tiempo los valores del Evangelio y seguir a Jesucristo hasta hacer de su vida un eco de quien fue su Maestro.
Y san Vicente hoy también tiene que mucho que enseñarnos. Ante todo en este tiempo tiene que enseñarnos a ser hombres y mujeres de fe, esperanza y caridad. A caminar por este mundo desde las tres virtudes teologales, virtudes que nos llevan a enfrentarnos con la vida desde otro talante, desde el optimismo y a encontrar la felicidad en el presente.
Porque el problema de la Iglesia no está en la sociedad, está en sí misma. ¿Cómo es el cristiano del siglo XXI?, ¿cómo es devoto del Pare Vicent? o ¿cómo ha de ser?
Simplemente hombre y mujer de fe, esperanza y amor. Vividas en relación con Dios, con uno mismo y con los demás.
En relación con Dios: esta es la más importante, el cristiano cree en Dios y creer no es sólo aceptar las verdades que aprendió en el Catecismo. Esa es la forma pobre que muchas veces transmitimos a los demás. Creer es amar y esperar en Dios, es sentir que Dios lo es todo para uno y esperar, incluso en los momentos de oscuridad y sufrimiento, que él va a dar a nuestra vida sentido y la va a llenar de felicidad. Creer es fiarse de Dios desde la pasión por su persona y en concreto por Jesucristo. Y para ello es importante la oración, el encuentro asiduo Jesucristo, a través de la eucaristía, la piedad popular, la liturgia y los sacramentos. San Vicente en cuanto hombre de fe fue un gran orante, un maestro de oración que vivía y valoraba la eucaristía como el momento central de su vida. Los tiempos son recios y pronto las ilusiones se desvanecen y los ánimos menguan. Si no sentimos a Dios en el corazón y no cuidamos nuestra relación con él pronto nuestra fe entra en estado de invernación.
En relación con uno mismo: tenemos que creer en nosotros. Muchos proyectos no se llevan a cabo porque no confiamos en nuestras propias capacidades. Pero para tener confianza en uno mismo es importante el estudio y la ascesis. Los chicos de la Academia nos lo han mostrado semana tras semana, no hay una buena canción si antes no se prepara bien, si no se le dedican muchas horas a ir consolidando todo lo que posibilita que resulte bien. En Operación Triunfo muchos se han sorprendido de las horas dedicadas, la vida de retiro, apartados de sus familias, con pocas horas de ocio y muchas de trabajo, sin apenas diversión y formándose durante toda una semana para tres minutos de gloria en la gala, lo que dura una canción. Así ocurre en nuestra fe cristiana. Tenemos que retirarnos en muchas ocasiones, apagar el televisor, renunciar a la diversión para así entregarnos al estudio. No sirven las cosas mediocres, como en la Academia o se hace bien o se hace mal. Y nuestro cristianismo peca de lo contrario, mucha espontaneidad, hablamos mucho de Dios sin una base mínima. Y no hablo de los monitores y catequistas, que ya hacen mucho, sino de los cristianos que están sumergidos en el mundo laboral, de los padres y madres de familia, de tantas personas a las que nuestra sociedad interroga acerca de su fe y no tienen respuesta, y lo peor, no se preocupan por encontrarla. Este curso he tenido la oportunidad de conocer a los dominicos y me ha sorprendido gratamente la importancia que le dan al estudio. Son hombres entregados de ello a ello. Como afirma la web de la orden “la originalidad de Domingo no consiste en poner el estudio en la vida religiosa. Los monasterios ya tenían esta preocupación. La originalidad de Domingo consistió en poner el estudio al servicio de la predicación, en dar a éste una significación y una finalidad específicamente apostólica”. Estudio y apostolado fueron los ejes en los que se vertebró la vida de san Vicente. Sin el estudio nuestro santo no hubiese podido emprender la ingente labor de evangelizar un pueblo bastante ignorante y confundido. Y así lo he visto en los que han tomado el testigo al santo predicador. Son personas que dedican muchas horas a leer libros de teología, a profundizar en la fe, a analizar las circunstancias actuales, largas horas en silencio frente a los libros o ante el ordenador tratando de preparar sus homilías, clases, charlas,..., de escribir libros que colaboren en la formación de los cristianos o de publicar páginas en internet a fin de difundir el mensaje a través de este medio tan apasionante. ¿Y nosotros? Bien podemos echar la culpa a los sacerdotes, no nos dan formación, pero, ¿nos preocupamos realmente? ¿estamos dispuestos a perder el tiempo formándonos? Hoy hay muchos medios, semanalmente en Liria se ofrecen clases de teología, biblia, moral; en Valencia hay multitud de centros donde se imparten cursos de formación básica, charlas con buenos teólogos. Y en internet tenemos cientos de cursos que nos ayudarán a profundizar en nuestra fe.
Finalmente fe en el hombre y mujer de este siglo. Este es un gran problema, pues estamos encerrándonos, nos pasamos el día criticando a la sociedad. Y sin embargo el hijo del hombre vino a curar a los enfermos y reconciliar a los pecadores. Que hay pecado en nuestro tiempo, claro y ¿cuando no lo ha habido? Que la gente no responde al Evangelio, claro y ¿cuando ha respondido seriamente y ha tratado de servir a la Iglesia y no de servirse de ella? Ahora es más fácil criticar y creer que los demás son los malos, así nosotros nos creemos buenos. Lo difícil es lo que hizo san Vicente, dejarlo todo e irse a convertir a los que se habían apartado de la fe, lo complicado es tratar de ayudar a los demás, de meterse en sus problemas, de ofrecerles lo que primero te piden, de dar un testimonio coherente. Sin embargo sólo ese es el camino.
San Vicente fue un hombre apasionado por Dios y por el Evangelio, que procuró formarse adecuadamente y creyó en las personas. Por eso después de tantos siglos seguimos admirando al santo y tratamos de imitarle.José Andrés Boix