viernes, 23 de noviembre de 2007

Dia 1, segunda meditación

Querido Dios:
Esta mañana en la oración hemos descubierto tu voluntad de consolarnos y fortalecernos. Pero es evidente que muchas de las preguntas que nosotros te hacemos no encuentran respuesta en ti. El motivo se encuentra en la misma pregunta y en nosotros, pretendemos igualarte, hacerte semejante a nosotros, idolatrizarte y así te hacemos preguntas ante las que no tienes respuesta. Job se preguntaba y tu respuesta fue clara, tú eres Dios y él un ser humano.
Es la eterna e irresoluble pregunta que tantas páginas ha llenado, ¿Dios es Omnipotente y sin embargo existe el mal?, ¿si Tú lo puedes todo porque permites...?, ¿por qué los terremotos en Iran o El Salvador?, ¿por qué el 11 S y la guerra de Afganistán?, ¿por qué los muertos de SIDA son la mayoría pobres?, el por qué de tantos nombres como bien conoces, ¿por qué Antonio Muñoz?, ¿Por qué Vicente Grau?, ¿Por qué María? Y ante tantas preguntas me envalentono, te grito y te rechazo, porque no puedo soportar que Tú seas bueno y omnipotente y al mismo tiempo permitas la muerte de María. No podemos soportar el sufrimiento humano y por eso nos rebelamos y olvidamos que Tú eres Dios y nosotros criaturas y olvidamos aquella gran afirmación del Concilio Vaticano II, “la autonomía de lo terreno”. O bien buscamos en el futuro la respuesta y así sacrificamos el presente, creemos en un mundo mejor, en el tópico del hoy más que ayer y menos que mañana.
Siempre se ha dicho que la historia tal como la entendió el pueblo judío era lineal frente al concepto cíclico del tiempo greco-romano. Ya nos lo dijo el profesor de Eneateuco que esto comienza a cuestionarse desde el estudio de la Biblia. Es verdad que durante mucho tiempo así se ha entendido el tiempo, vamos hacia la plenitud y estamos en camino de ello, frente al destino clásico o al hombre que no avanza. Hoy la realidad nos demuestra que no es así, la ausencia de utopías lleva al hombre a no creer que el mañana sea mejor, el análisis del presente nos conduce a descubrir que nuestra sociedad no ha avanzado tanto como creíamos y la fe en el progreso ilustrado es simplemente una quimera del pasado. Lo sabes porque lo escuchas a todas horas, esta España nuestra donde la cultura es patrimonio universal no es mejor que la de hace unos años. Bueno eso dicen, la verdad es que yo me resisto a creer que estamos peor que antes. Peros sí es verdad que nuestra historia es cíclica, no estamos ni peor ni mejor, sino de forma diferente. Como nos decían los profesores del cursillo de programación en cada etapa de la vida se ganan unas cosas y se pierden otras. Eso es lo importante, valorar lo que se tiene y ser capaces de encontrarte en el presente. Es el gran pecado de la Iglesia proyectar el Reino en el futuro y olvidar la escatología, el ya pero todavía no, pero ya, aquí y ahora Tú estás presente. Tú lo estás ahora mientras escribo y lo estabas anteayer mientras navegaba por Internet. Siempre hemos tenido ese peligro, creer que tú te harás presente cuando nos muramos o cuando se consigan unas determinadas condiciones sociales. Es aquello de sacia su hambre antes de hablar de Dios. Sin embargo tú sigues presente en el destierro. Es la gran intuición de Isaías. Él vive la opresión de Babilonia, lejos de su Jerusalén y condenado a no ser nada, porque el hebreo sin su pueblo no es y su pueblo había desaparecido. En esas circunstancias, las circunstancias mías y de mis coetaneos, de las comunidades cristianas que ven como año tras año menguan sus miembros, de los jóvenes que no tienen respuesta ante los interrogantes que les plantean y son tentados a diluirse y perder su identidad, es donde hay signos de esperanza.
Querido Dios, lo sabes muy bien, hoy son tiempos para resistir en la espera y en la esperanza, aunque no veamos la solución y no sea ésta la que nosotros esperamos. Porque queremos que se soluciones los problemas de nuestro tiempo: la crisis económica global, la crisis social, el fenómeno de la inmigración, la falta de valores, la crisis de la juventud y el vacío en que muchos viven, la crisis de fe, la crisis de la familia y de la escuela, la crisis de los sindicatos y los políticos, la crisis de... Ante esta situación tenemos dos caminos. Uno consiste en tratar de trabajar por mejorar el mundo. Es humano y evangélico, para ello nos unimos a la humanidad en su esfuerzo por hacer un mañana mejor, a través de las ongs, de los partidos políticos, los sindicatos, los instituciones civiles, religiosas, culturales,... de muchos medios que buscan soluciones. Y así trabajaremos pero evitando el error del pasado, el de creer que nosotros por el hecho de estar bautizados tenemos el don de la inmaculación, de la impecabilidad. Nosotros, aún fundando una ong cristiana caeremos en los pecados que cae toda ong, no vamos a ser mejores que las no católicas y lo haremos sin divinizarlas. Ninguna institución es el Reino de Dios. La historia nos lo ha enseñado, ni la época de cristiandad fue mejor que la época de secularización, ni la Iglesia como institución es mejor que cualquier otra, ni el Vaticano por tener como gobernante al Vicario de Cristo es más perfecto que cualquier otro estado. No es así, son medios que participan del pecado del mundo. Un solo Señor y una sola fe y ésta no se encuentra en las organizaciones ni en las personas, siempre imperfectas y sometidas al poder del pecado sino en Ti, en tu Hijo. Por eso no tenemos miedo a que nos critiquen o cuestionen nuestra labor, porque el fracaso de las instituciones que se levantan en honor a tu nombre no significa el fracaso de tu nombre, el éxito o fracaso de los cristianos no es tu éxito o fracaso. Afortunadamente Tú estás por encima de todo, la obra de Dios no es una institución humana sino mucho más, por eso aunque la obra de Dios sea incoherente no tambalea mi fe en ti, único Señor.
Y sin embargo sigue presente el tema del pecado del mundo, ¿dónde encontrar la solución? Ni en el más allá ni en una plasmación de Tu Reino. Y aquí el director con gran alegría por mi parte coincide en una intuición que tengo desde hace tiempo, Tú estás presente en el pecado, en esa realidad de mediocridad y de injusticia, en el dolor de la humanidad te encuentro. Tú no amas un mundo ideal sino un mundo tal cual es, con su pecado, con mi pecado. Es éste el mundo que has redimido y salvado. Esa idea tan gráficamente expresada en la historia del rabino y Auswich y que nos contó Teodoro, Dios está en el niño que se retuerce. Por eso desde ahí se comprenden las bienaventuranzas: el pobre es feliz, el que sufre es feliz, el que llora es feliz, el que tiene hambre y sed es feliz y lo es porque ha descubierto tu presencia. Es la gran paradoja de nuestro tiempo. Así lo contaba en la homilía del domingo, nuestros abuelos fueron más felices que nosotros y carecían de la mayor parte de cosas que hoy son para nosotros imprescindibles. Como tantas veces decimos la felicidad no está en el tener sino en el ser. Y esto lentamente va descubriéndolo nuestra sociedad y lo aceptará con la crisis del consumismo. Es precisamente en este momento en que la escuela anda tan mal cuando nos planteamos cómo estamos educando a los niños, en estos tiempos en los que se vive la contradicción de que los hijos quieren a sus padres y los padres están hartos de sus hijos cuando nos preguntamos si realmente hemos educado a nuestros jóvenes en el arte de ser felices, esa escuela a la que Tú llamaste Evangelio. Hoy hay que decirle a nuestros hombres y mujeres que es posible encontrar a Dios en una UCI o en un campo de refugiados. Es el testimonio de sor Natalia que irradia felicidad viviendo en Haití y nos asombra de ver como esas familias son felices o de Pablo que nos relata como aquellas comunidades cristianas perseguidas por el ateísmo castrista y torturadas por el imperialismo americano celebran su fe y se sienten agusto en los templos o el testimonio de Vicente Folgado en Perú,... ¿Qué curioso ellos son felices? Es tu presencia que sentí cuando me encontraba operado, los días más felices de mi vida, sencillamente porque allí veía como me mimabas y te hacías presente en mi madre, mi tía, mi abuelo, mi familia, mis amigos, sacerdotes, superiores y compañeros del seminario.
Y esto le cuesta entender al mundo, pero es real, uno a veces necesita pasar por la noche para descubrir que hay luz. ¡Tantas veces te he sentido con fuerza cuando todo se hundía a mi alrededor!