viernes, 23 de noviembre de 2007

el misterio

Amigo oyente:
Uno de los problemas más graves que pueden ocurrirle a la persona es perder la capacidad de asombro ante la vida.
Hay cegueras que son más sutiles que las meramente físicas, la de aquellos que viendo no ven, los que habiendo a su alrededor luz viven en las tinieblas.
Sin embargo esta podemos combatirla cada día, simplemente viviendo la vida como una constante acción de gracias, asumiendola desde la gratitud.
Gracias por esa maravilla que represeta el vivir, baste colocarse frente a un cadaver para sentir la fuerza misteriosa de la vida, una fuerza que reside en nuestro interior y nos lleva al misterio, a un ¿por qué? Sin respuesta humana, ese poder desplazarse, sentir que estamos vivos.
Y gratitud hacia la naturaleza, el sol y su luz, tan blanca y tan cálida, esa luz que llena de colores el día, ese cielo azul lleno de matices.
Vivir la gratitud hacia los demás, hacia las personas que nos rodean, descubrir en el otro una fuerza y una energía, un ser humano que piensa, comparte y trabaja.
Amigo oyente, ¿no es maravilloso todo lo que nos rodea?, acaso ¿no vivimos ya en el cielo, pues hay tantas realidades que nos superan y escapan, tanto misterio, tantos enigmas rodean nuestra existencia?
La fiesta de hoy es la fiesta de dos ancianos que al final de sus días sus corazones seguían despiertos, esperando, sensibiles ante el misterio.
Y es la fiesta de las madres, las que ofrecen en muchos lugares el fruto de sus entrañas, esa vida que durante nueve meses gestaron y que ahora presentan a Dios con la gratitud de saber que tienen en sus manos una realidad siempre misterioso.