sábado, 17 de noviembre de 2007

no es fácil entrar en los ejercicios


Queridos amigos: quizás sea el contenido quizás uno mismo, la verdad es que me esta costando entrar ahora en las meditaciones y esto tan personal lo anoto para mostrarte la realidad de los ejercicios, donde quien ejercita es un ser humano. Bien, vamos a comenzar recordando la plática. En ella ha comentado la frase de Hbr 7, 27, “de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo”. El siempre condensa el tiempo, el ayer y el mañana coinciden en el hoy, es el te quiero en el que se condensa toda la vida vivida y por vivir, toda la historia, más allá del propio tiempo. Sin embargo noes fácil, pues a veces nos centramos en lo que hacemos, en la rutina y el cansancio de hacer siempre, todos los días lo mismo. A veces huimos de este siempre, nos cuesta el siempre, cuando nuestra vida es la sucesión de multiples actividades y buscamos la auténtica felicidad no en lo que hacemos, la misa, la hoja parroquial, la visita a los enfermos, la atención de los jóvenes, el campamento, las reuniones,… sino en los obvies. En esto, afortunadamente y espero que siempre, uno cada día disfruta más de lo que hace, pero cuantas personas les cuesta estar en su parroquia. Y sin embargo, ahora que estoy fuera, aún lo valoro más, es lo más gratificante del mundo. Sentarte en el despacho y escuchar a los chiquillos jugar en la calle, ver pasar a tu gente por la acera, abrir la puerta al que viene a apuntar una misa, sentirte sacerdote y sentir que ellos tienen sacerdote, porque tú no estás de viaje o por ahí, sino en su pueblo, en tu pueblo, en tu parroquia. El siempre cuesta, no sólo a los novios y esposas, que cuestionan el siempre en la boda, sino también a nosotros. Es la tentación de lo fragmentario, la rutina. Y ¿cómo responder? Desde la Palabra de Dios, el sacerdocio de Jesús es para siempre, a diferencia del sacerdocio del Antiguo Testamento. Jesús se entregó todo él y para siempre y así nosotros, sacerdotes que hacemos presente al único sacerdote, nos entregamos totalmente y todo nosotros. También podemos decir somos sacerdotes para siempre, como nos recuerda el salmo de las vísperas del domingo, “tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisec” porque Dios es fiel y no nos va a quitar el sacerdocio. Mirar desde Dios nos ha animado el director, es decir, desde la lectura y escucha de la Palabra de Dios que siempre nos llama a ser sacerdotes y a ti, buen amigo, a ser cristiano. Por mucho que quieras Dios nunca va a dejar que dejes de ser hijo suyo, cristiano, aunque te borres del libro de bautismos, porque él es fiel. El sacerdote es para siempre y puede vivirlo si lo vive desde la dimensión comunitaria. El sacerdocio no es para mí sino para los demás, de la vocación subjetiva que tuvo lugar cuando escuchó la llamada y dijo sí ha pasado a la vocación objetiva, cuando la Iglesia en el obispo le llamó, le consagró y le envió. Por eso el sacerdote cuando deja de pensar en sí mismo y piensa en Dios y en la Iglesia supera la tentación del individualismo, existe para los demás. Si uno abandona es una comunidad la que queda desatendida, la que se queda sin sacerdote, sin la presencia de Cristo en el sacerdote. Al igual que cuando los esposos se separan sufren los hijos.
Y por la tarde la segunda meditación en la que nos ha invitado a contemplar los relatos de la pasión desde la experiencia de Pablo, “me amó y se entregó por mí” y a descubrir la forma eucarística de la vida sacerdotal: memoria, ser amado, gratuidad, oblatividad y conversión. El sacerdote hace memoria, es decir, es consciente de lo que es, vive la gratuidad en cuanto es una gracia para el mundo, es el regalo de Dios a un pueblo, a un barrio, a una comunidad, un regalo gratuito. Está llamado a la conversión, se entrega y espera en el Señor.
Pues bien, son las 17:30 voy a dar un paseo y meditar la pasión. Ya te contaré.