viernes, 23 de noviembre de 2007

Ej.2002: 4-2

Querido Dios:
Esta meditación comienza con el relato de Nikos Kazazanskis, quien un día encontró sobre un tronco un capullo con una mariposa que se esforzaba por salir. Él trató de ayudarla tomando consigo el capullo y con el aliento dándole calor, así pronto la mariposa pudo desprenderse de su cárcel, pero sus alas no se desplegaban. Intentó darle calor con el aliento y colocándola bajo el sol y no consiguió nada, hasta que finalmente murió. Un buen relato para explicar la paciencia de Dios. Nosotros quisiéramos que el Reino de Dios se manifestase ya en toda su plenitud y olvidamos que quizás no sea el momento adecuado y necesita tiempo, un tiempo del que nos falta pero que a Dos le sobra. Un tiempo que Tú siempre te tomas y que tomaste con la resurrección. Tres días, o sea, el tiempo necesario para que los discípulos asumiesen la crisis de la cruz.
Y ha seguido con el tema de la tarde, el sepulcro vacío. Es considerado la expresión máxima de la encarnación, cuando Tú asumes la historia del hombre hasta conocer lo más bajo, la muerte. Y nuestro sepulcro está vacío, es la huella de tu paso por la historia de la humanidad. El sepulcro vacío posee una gran simbología, representa las profundidades de las cuevas y las cavernas, donde brotan los manantiales y la vida, nos remite a los orígenes de la humanidad. Comenzamos viviendo en cuevas, en la oscuridad de las cavernas se pasó del mono al hombre, allí en las profundidades surgió el arte y la cultura. Nos remite al útero materno, ese lugar oscuro donde nació la vida y nos remite a las profundidades del alma, las cuevas de nuestro espíritu, las galerías que solamente nosotros recorremos y por donde vaga el Espíritu, al mundo de los sueños. Hoy hemos descubierto la concavidad como fuente de vida, presente en su simbología en las bóvedas, las cúpulas y el ábside, es el vacío de donde mana la palabra, el silencio eco de tu voz. Solamente quien se adentra en las cavernas del silencio descubre que hace falta frenar nuestros ímpetus, entra en sintonía con tu tiempo que permanece inmovil y eterno en el silencio.