viernes, 23 de noviembre de 2007

La Asociación Moros y Cristianos

En esos nueve años me puedo preciar de haber pertenecido a los fundadores de la primera Asociación de Moros y Cristianos de Riba-roja. Como observarás, amigo lector/a, comenzamos con mucha ilusión y la cosa sigue adelante, gracias a ellos. Siempre quedará que fui el primer sacerdote que perteneció a ella, como bien dijo al viario actual "Bota", o sea, Vicente Albiach, su primer presidente, "aci el retor te les portes obertes". No está mal, la verdad es que fueron muy buena gente.
La fiesta de los Moros y Cristianos va tomando arraigo en nuestro pueblo y lo más importante, aquel grupo de gente que comenzamos a reunirnos para celebrar Cristo 2000 ha mantenido viva la amistad en un ambiente cordial y festivo. Y han sido estos años un tiempo en el que la fiesta no ha olvidado lo antiguo, esas piedras centenarias que nos han acompañado durante décadas. Recordamos muy bien que nacimos en una de las plazas más pintorescas de Ribarroja, sencilla y a la vez acogedora, típica plazoleta de pueblo donde las casas antiguas se combinan con las nuevas edificaciones sin llegar a perder su encanto. Y allí nos sentimos protegidos por la Torre que antaño formaba parte de la muralla. Después la fiesta se trasladó a una casa de renombre, la Casa de l’Abogat, cuyo estado era lamentable, ¿recordáis aquellos días cuando os juntabais en el bar del Mercat para ir después a limpiar el casal?. Pero con mucha ilusión y ganas los moros y cristianos comenzastéis a limpiarla y dejarla en las condiciones necesarias para poder reunirse, compartir opiniones, ver ganar la Copa de la Liga al Valencia, organizar la fiesta. Esta tarea no ha cesado. Aún hay mucho trabajo que realizar, pero año tras año la casa va recuperando la belleza que había perdido, mientras la calle que a principios del pasado siglo gozaba de vida recupera por unas horas el ajetreo del pasado. Una calle donde bien recordaran los mayores se encontraban “les cases dels senyorets” con el Chalet de Gall y la del Abogat, además del Hospital con sus caseros, monjas y residentes.
Y mirando la labor realizada por este grupo de festeros valga profundizar en un reto para el presente siglo: cuidar nuestro pueblo. Es Ribarroja una villa seductora y de una gran belleza, agasajada por el río Turia que le regala pasajes de frondosa vegetación, por el norte y por el bosque situado entorno a Les Rodanes por el sur, mientras el sol le muestra preciosos atardeceres. Su centro histórico a modo de alcazaba árabe y sus restos romanos y cristianos. Sin embargo descubro que nos falta una buena dosis de autoestima, de creernos que tenemos un buen pueblo y por tanto de cuidar y valorar sus senderos, calles y edificios. Es esta tarea de todos, por supuesto del Ayuntamiento que año tras año va embelleciéndola, y es tarea nuestra, el cuidar sus casas y las calles, evitar tirar papeles o controlar a los perros cuando los sacamos a pasear. Amar Ribarroja significa hacer lo que nuestra fiesta está haciendo con el edificio que ocupa, reconocer que tiene un valor, cuidarlo y mejorarlo. Pero no sólo respecto de las piedras que tienen su importancia en cuanto forman parte de nuestra memoria, presente y legado, sino también significa tener sensibilidad en otros aspectos que desgraciadamente hoy se cuidan. Aspectos como la educación que ha de llevar a mejorar nuestro lenguaje y el trato con los demás, y que se echa a faltar no sólo en los jóvenes, ese cuidar a los mayores y respetarlos, el conducir por la vía pública respetando las señales, el ser cortes en la acera, el respetar el derecho al descanso, etc. Y por supuesto algo que se está perdiendo, la estética, el cuidar la belleza de cuanto hacemos. Esta constituye una de las notas más destacadas de los Moros y Cristianos que en todos los pueblos son emblema de distinción y elegancia. Las embajadas, los escenarios, los trajes, la música, los desfiles,... todo ello cuidado y buscando no sólo divertirse sino mostrar a cuantos contemplan los actos agradar.Son todas estas cualidades que seguro María, nuestra patrona, cuido en su vida, ella constituye un modelo de mujer sencilla y buena capaz de irradiar belleza por su forma de hablar y de actuar.